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miércoles, 4 de mayo de 2011

Cuentos carnívoros, Bernard Quinny

Cuentos carnívoros
Bernard Quiriny
Traducido por Marcelo Cohen
Acantilado
216 páginas. 


por 
Ana Alejandre


Existe una gran mayoría de lectores aficionados al género de terror y también al llamado de ciencia ficción o fantástico. Ese amplio número de lectores tienen en esta obra una buenas horas de lectura amena, pero también con una enorme carga de terror, suspense, imaginación desbordante, situaciones inverosímiles pero cargadas siempre de una buena dosis de miedo que va aumentando a lo largo de los diversos relatos que componen esta obra.

Para ilustrar bien lo antes dicho no hace más que aludir a los temas tratados en cada relato para que el posible lector esté avisado de lo que puede encontrar en esta obra fantástica, en el doble sentido de la palabra, porque además de encontrarse personajes y situaciones que tienen ese calificativo, se puede considerar de extraordinaria calidad en su género. Por ejemplo y para ambientar al futuro lector de este volumen de relatos, sólo que hablar de algunos de los que componen este libro y que son temas de por sí suficientemente explícitos: espejos con ansias de venganzas, escritores delirantes, músicas indefinibles, una sociedad que considera que las mareas negras son la máxima expresión artística posible; sin olvidar a un obispo que amanece cada día en dos cuerpos alternativos y sus correspondientes idiosincrasias y, por si todo esto fuera poco, el caso del amante que recuerda la noche de amor y pasión truculenta e inolvidable de su vida y para ayudar a su memoria le agrega unas gotas de sangre a los zumos para así poder recordar mejor aquella noche de pasión y terror.

Esta autor no cae en el tópico de considerar que el término fantástico sólo se puede asociar con situaciones más propias de cuentos de hada protagonizadas por animales míticos e imposibles, paisajes fantasmagóricos poblados de dragones, brujas, magos y encantamientos, porque cree que dicho género fantástico se puede basar en historias de nuestros días, pero llevando a sus personajes a situaciones en las que lo posible y lo imposible, lo real y lo soñado se entrecruzan, cambiando, para conseguirlo en sus relatos, las inmutables leyes de la Naturaleza para crear así una cosmovisión en la que todo es posible que coexista en la frontera de la imposible en una combinación en la que sólo pone el límite la propia imaginación de su autor y la del propio lector, en una complicidad necesaria para poder hacer posible que la magia que subyace en estos relatos cautive y aterrorice, al mismo tiempo, al lector por avezado que sea.

Los recursos narrativos de este autor son múltiples y usados en una sabia combinación de los acontecimientos reales con los supuestos fenómenos paranormales, creando así una atmósfera que no sólo atrapa a los protagonistas de estas historias, sino también al lector que va sintiéndose cada vez más sumergido en las continuas carambolas, a modos de giros en las historias, y la sabia dosificación de la sorpresa que no permite al lector ni un minuto de pausa en la tensión, el miedo, la fascinación y la angustia.

Por esta obra Quiriny merece entrar por méritos propios en el sacrosanto santuario de los más afamados y reconocidos autores del llamado género fantástico, la mayoría de ellos muertos hace ya mucho tiempo, porque sabe combinar a la perfección todos los ingredientes necesarios para ofrecer al lector una obra como ésta que no le dejará indiferente en ninguna de sus páginas, entre las que se quedará atrapado y le acompañará su recuerdo a lo largo de mucho tiempo por la extraña atmósfera en la que se desenvuelven estos cuentos carnívoros, cuyo título ya indica que quien comience su lectura va a ser devorado por la angustiosa sensación de atracción/repulsión, binomio fatal pero eficaz para que una obra perdure en la memoria de sus lectores.