Género negro

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Entrevista a Andrés sorel

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martes, 30 de septiembre de 2014

La felicidad conyugal,  de Leon Tolstói, bellísima novela que reflexiona sobre el amor y el matrimonio desde el punto de vista femenino.

La felicidad, conyugal, León tolstói
 Primera obra de Tolstói en la que la voz narradora es una mujer



            Releer siempre es un placer, especialmente a los clásicos de la literatura universal que, muchas veces, permanecen en un injusto olvido, porque la atención lectora se proyecta sobre las múltiples novedades editoriales que llenan las librerías y los temibles best-seller que se convierten en libros leídos compulsivamente, aunque sean de dudosa calidad literaria, eclipsando las obras de autores que, a pesar del tiempo transcurrido, son de lectura imprescindible para el recreo del espíritu y el goce lector del verdadero amante de la buena literatura.
            Una de estas obras es La felicidad conyugal, de León Tolstói (Acantilado, 2012), primera de sus novelas que tiene como protagonista a una mujer. Escrita en 1859,recién llegado del Cáucaso, donde había combatido al lado de su hermano Nikolái, en la guerra de Crimea. La escribió tres años antes de contraer matrimonio con Sonia Andreyevna Bers, hija de un medico moscovita, con la que formó una gran familia ya que tuvieron trece hijos. Su matrimonio parece ser el trasunto de la pareja que protagoniza esa obra, pues está compuesta por un hombre maduro y una mujer que aún no ha abandonado la adolescencia.
                La novela narra la historia de amor entre Serguéi Mijáilich y Máshenka  y en esta obra Tolstói escribe, mientras dura el noviazgo con su futura esposa, lo que le va sugiriendo que será su vida matrimonial, en una especie de anticipación de lo que será su futuro al lado de su novia, Sofía, a la que convierte en Máshenka, en un juego imaginativo poderoso que pone de manifiesto una de las obsesiones más recurrentes de este genial escritor como es la de tratar de diseccionar, analizar y descubrir los entresijos del alma humana, de la psicología de cada persona, y narrarlo pero siempre desde un tono realista riguroso, en el que plasmaba los claroscuros de la mente humana sin ningún tipo de autocensura.
            Así, en esa actividad creadora, no sólo iba creando una historia, sino también intentando analizar y prever cuál sería su propio futuro matrimonial, a través de una narración de ficción, en la voz de la propia protagonista que es la única narradora que va describiendo sus propios sentimientos a lo largo del transcurso de la larga vida matrimonial, en la que se enfrentan dos personas con sus propias idiosincrasias, caracteres y circunstancias vitales tan diferentes: por un lado, el hombre maduro que viene al matrimonio con una pesada carga de experiencia vital y el consiguiente desengaño; por el otro, la joven inexperta, deseosa de conocer y vivir los placeres mundanos, para lo cual siente que su marido es el principal obstáculo, el impedimento mayor y su carcelero, lo que hace que la relación se enfríe y agriete. Siente que ha pasado de ser la mujer amada, a la mujer dominada, vencida por los años y la larga convivencia y sólo encuentran un punto de unión y de acercamiento a través de los numerosos hijos.
            Es destacable en esta obra en la que aparece de nuevo reflejada la visión que sobre la mujer tenía Tolstói, a la que le da un papel redentor y salvador de la Humanidad -aún a costa de su sacrificio personal-, por lo que la voz dominante se la da a la protagonista que es quien va contando la verdad de sus sentimientos, de su vida en común, con los claroscuros y el desengaño que toda relación sentimental conlleva después de muchos años de convivencia. Otro cariz novedoso de esta novela es que el autor crea el clima, la atmósfera narrativa, pero sin desvelar la totalidad del contenido emocional de la narradora, en una invitación implícita al lector para que adivine la verdad que permanece oculta en el corazón de la protagonista.
            A partir de esta novela, en la obra de Tolstói los personajes femeninos evolucionan y empiezan a tener una mayor importancia que los masculinos, quizás debido a la fuerte influencia de su esposa que le inspiró personajes tan rotundos como Natasha, en su monumental Guerra y Paz, y el de Kitty en la extraordinaria novela Ana Karenina. Todos ellos, tienen en común la atemporalidad, por lo que los sentimientos que transmiten, sensaciones y pensamiento, son tan acordes y coetáneos con los de cualquier lector actual que se siente sumamente atraído e identificado con unos personajes que tienen el pulso real de seres humanos que los dota de autenticidad, veracidad y belleza.
           

La felicidad conyugal, Leon Tolstói, Traducción: Selma Ancira, Acantilado, 2012 (2ª edición), 176 pp.
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Nota.- Este artículo fue publicado en diario Siglo XXI/cultura/libros, el 20 de agosto de 2014: http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/183110/la-felicidad-conyugal-de-leon-tolstoi

La mujer loca, de Juan José Millás

La mujer loca, de Juan José Millás, es un ejercicio del más puro surrealismo en la que su autor juega con la realidad y sus límites

La mujer loca, Juan José Millás
             Novela en la que se hacen muchas preguntas sin posibles respuestas.


            Millás ofrece en esta nueva novela una amplia muestra de que su obra se inclina cada vez más hacia el más evidente surrealismo -en un deseo de preguntarse qué es la realidad y cuál es el sentido último de las cosas que acontecen al ser humano-, que al propio deseo de contar una historia -aunque también-, a fin de plasmar un fragmento de esa realidad  como es toda narración. En ese difícil ejercicio de reflexión, -pero siempre desde la óptica del humor más surrealista-, muestra continuamente su desconcierto, su curiosidad insaciable, pero también su perplejidad ante un mundo del que no acaba de encontrar la clave que explique el significado último de esto que llamamos vida.
            La historia contada por Millás y que sirve de soporte de reflexión la protagonizan Julia, empleada en una pescadería, que entre besugos y sardinas se ve asaltada por frases y palabras de las que se pregunta cuál es su significado. Por estar enamorada de su jefe que es filólogo, comienza a estudiar gramática. Además, cuida a una enferma terminal, Emérita, que ha decidido poner fin a sus sufrimientos a través de la eutanasia. Por ese motivo, coincide en  el domicilio de la enferma con el propio Millás que está haciendo un reportaje sobre dicho tema y éste decide hacer una novela sobre Julia, en un deseo de terminar con el bloqueo creativo que padece y que le ha llevado al diván de una psicoterapeuta. Todo se complica cuando la enferma le revela al escritor un secreto que ha guardado toda su vida, convirtiendo así la crónica periodística en una novela en el que el autor deviene en el personaje principal.
            A través de esta insólita trama, Millás vuelve a recrear el universo personal y surrealista en el que las cosas que suceden dejan de ser menos importante que las reflexiones o preguntas que se hace el protagonista y autor al hilo de aquellas y que son meros pretextos para indagar si la realidad es "real", o una simple copia de ella misma pasada por el filtro de la subjetividad de cada individuo. De ahí, se plantea el valor de la copia sobre el propio original, a la que da mayor valor que a éste.  Todas estas cuestiones son las reflexiones que el autor se va planteando al hilo de lo que "sucede" en la novela, aunque toda la narración es un simple pretexto para que Millás se pregunte, al igual que la pescatera se preguntaba sobre el sentido de frases y palabras, sobre el verdadero sentido de la realidad, porque cada vez se siente más confuso y perplejo ante una realidad que parece un juego de artificio.
            De esta manera y como en un juego de muñecas rusas, de la que va saliendo una desde el interior de otra, va apareciendo una historia dentro de otra, pero siempre desde el personalísimo  punto de vista de este escritor que ya mostró en novelas anteriores como fueron Los objetos nos llaman o Lo que sé de los hombrecillos, el universo personal de su autor, construido con evidentes elementos surrealistas.
            Millás no quiere dejarse llevar por la corriente actual de novelas en las que se parte de un lugar y se llega a otro, es decir, se cuenta una historia sin más de corte realista y en la que suceden muchas cosas aunque importen muy poco, dentro de un realismo más o menos trufado de un poco de historia, otro tanto de elementos eróticos sazonados con una pizca de misterio y un continuo ir y venir de los personajes,  en un constante cambio de escenarios. Es decir, todos los elementos que representan los iconos de la sociedad actual: dinero, sexo y viajes.   
            Como el propio Millás ha dicho, prefiere partir de no se sabe dónde para llegar a no se sabe qué y el vehículo que lo transporta es el sillón de la psicoterapeuta.  En ese viaje a ninguna parte, va dejando en su trayecto inteligentes páginas escritas con continuos trazos de humor e ironía siempre matizados con un toque de ternura evidente, en una continua exploración de la realidad que le provoca siempre un total desconcierto, y va desgranando esa perplejidad sin dar respuestas absolutas -porque para ello tendría que encontrarlas primero-, dándose cuenta, a medida que avanza su exploración, del enigma que representa el sentido de la vida, los límites sutiles entre realidad y ficción, misión que encomienda al lector.
              A través de esta historia con claros matices absurdos, el autor nos va llevando hacia la evidente conclusión de que no hay quien entienda lo que llamamos realidad, porque no es "una", sino múltiples y distintas, según sea el observador, y cada uno tomará una fracción de esa realidad, a modo de copia de la realidad original, pero que no será más que una parte fractal de un todo en el que se encuentran todas las incógnitas, todas las preguntas sin posibles respuestas; pero sin dejar nunca de lado el humor, la ironía y la perplejidad como única posible actitud para poder superar la desazón que provoca siempre el absurdo de la vida y la incapacidad humana para llegar a descifrar el misterio que representa.
            Esta nueva novela de Millás es un ejercicio de humor, inteligencia y complicidad con el lector, al que hace continuos guiños y reta a que le siga el juego provocador que se manifiesta en brillantes diálogos que van suscitando nuevas preguntas para que el lector inteligente se cuestione esto que llamamos realidad a través de una historia de ficción.

La mujer loca, Juan José Millás, Seix Barral, 2014, 240 pp.
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 Nota.- Este artículo fue publicado en Diario Siglo XXI, el 22 de abril de 2014, según vínculo que se acompaña:

jueves, 5 de junio de 2014

Relatos, un género en alza



Julio Cortázar afirmaba: "La novela se gana por puntos, el cuento por K.O.", refiriéndose a este difícil género para que sea válido en su resultado, porque este autor conocía y dominaba la técnica narrativa que exige todo buen relato que merezca ser considerado como tal.

Este difícil género narrativo, corto en extensión pero largo en intensidad narrativa, la que agudiza su brevedad e impide por ello las digresiones que permite la novela, aumenta su dificultad a la hora de ser escrito ya que, por su corta extensión, exige que los tres elementos clásicos de la narrativa, como son el planteamiento, nudo y desenlace, se tengan que comprimir en poquísimas páginas, dando así una inexcusable importancia al final que tiene que dejar al lector sorprendido y "noqueado", ya que resume y explica de forma condensada toda la historia narrada que toma toda su verdadera significación en un final sorprendente o especialmente intenso en su desenlace.

A pesar de las exigencias ineludibles de este género, se ha creído siempre por parte de escritores noveles o poco duchos en la creación literaria que, por su brevedad, el relato o cuento es un género en el que se puede "ensayar" y realizar los primeros pasos en la literatura, con el consiguiente resultado mediocre o fallido que consiguen quienes, por falta de los conocimientos que da el oficio de escritor o por tener escaso talento narrativo, creen que un relato es contar una historia breve, pero sólo definiendo lo que es el inicio de la trama que se queda inconclusa por falta de espacio narrativo y por ausencia de conocimientos de la estructura que requiere este género que exige que este tipo de narración tiene que estar planteada, desarrollada y finalizada con una absoluta concreción y síntesis que otorga la maestría narrativa, sólo al alcance de escritores avezados o en posesión de un talento narrativo excepcional.

A pesar de la dificultad que conlleva escribir este género para que tenga esas notas de calidad literaria que atrape al lector, en España se ha venido ninguneando a este género por parte de la mayoría de las editoriales, por considerarlo un género poco rentable económicamente, y los únicos relatos que se han venido publicando siempre han sido de escritores ya consagrados y, por tanto, prometían dichas obras una seguridad en los logros económicos que justificaban la inversión realizada en su publicación.

Autores que son conocidos por su larga dedicación y preferencia por el relato son nombres que van desde Edgar Allan Poe (1809-1849) famoso por sus excelentes cuentos de misterio y terror, hasta Jorge Luís Borges, autor que siempre escribió relato, poesía y ensayo, pero nunca novela; y desde Guy de Maupassant (1850-1893), considerado un maestro del cuento de la literatura universal, hasta Antón Pavlovich Chéjov (1860-1904), famoso escritor ruso de relatos y dramaturgo, en cuyas obras se aprecia su concepto humanista y la importancia que da al estado de ánimo y al simbolismo sobre el argumento en sí, por lo que se le considera el iniciador del cuento moderno. Además de otros nombres de fama universal como es el checo Franz Kafka (1883-1924), autor de novelas y relatos, en cuya obra se aprecian elementos del surrealismo, expresionismo y existencialismo, movimiento este último al que estaba muy cercano. Otros autores que han cosechado con éxito el cuento, son Arnold Zweig (1887-1968), novelista, ensayista y dramaturgo alemán, aunque nacido en Polonia; también el escritor Augusto Monterroso (1921-2003), narrador y ensayista guatemalteco que cultivó el cuento, género en el que destaca su originalidad y tendencia a la parodia y la fábula; nombres a los que hay que añadir Alice Munro (1931-) la reciente Premio Nobel de Literatura, escritora canadiense, especializada en cuentos, en los que vierte la visión feminista del mundo. A estos nombres se podrían añadir otros muchos, igualmente significativos, pero haría la lista interminable.

En esta era de internet y de los medios digitales, el cuento tan olvidado por las editoriales, como se dice anteriormente, empieza a resurgir, ayudado por la facilidad que le ofrece el mundo digital por su corto formato y la creciente expansión del libro electrónico que se ha convertido en su mejor aliado, además de que se empieza a notar una mayor oferta en papel de relatos de diversos autores clásicos y actuales, porque, en esta sociedad de vorágine y prisas, el relato se adapta mejor por su intensidad y brevedad a las necesidades y preferencias de los lectores, tan aficionados a la exigente brevedad de las redes sociales, en las que prima más el significado que el significante, obligados a la brevedad que propicia internet.

Sellos editoriales como RBA con sus publicaciones de cuentos de autores tan dispares, y algunos muy actuales, como son los citados Monterroso y Munro, además del estadounidense Samuel Dashiell Hammett (1894-1961), autor de relatos policíacos; así como del escritor inglés, nacido en China, James Graham Ballard (1930-) en cuya obra se advierte su preferencia por lo fantástico y la ciencia ficción; también la editorial Páginas de Espuma publica la totalidad de la obra de cuentos del maestro Chéjov; Alfaguara que ha publicado a Roald Dahl (1916-1990), escritor galés de novela y cuentos; o Random House que tiene en su catálogo obras de Alice Munro y César Aira (1949-), narrador argentino y lingüista especializado en lenguas aborígenes de Hispanoamérica. Escritores a los que se podría sumar un largo etcétera que haría interminable esta lista de ofertas editoriales de relatos de diferentes autores y estilos, pero siempre dentro del difícil género del cuento, antes tan postergado.

Es importante este resurgimiento editorial de un género que ha sido infravalorado por considerarlo algo marginal dentro de la ficción, a pesar de que ha sido cultivado por grandes figuras de la literatura universal, de forma exclusiva o compaginándolo con la novela, y que han demostrado con su talento narrativo y su adecuación a los requisitos que exige la escritura del relato: concreción, intensidad, síntesis y cuidado desenlace, que este género no sólo puede competir con la novela, sino también ser una estrella dentro del firmamento literario que brilla por sí misma y sin mayores añadidos como una forma válida y meritoria de creación literaria, porque en sí condensa la capacidad creadora y narrativa de quienes utilizan la palabra para crear universos singulares en los que la acción se condensa en una chispa que recorre pocas páginas y termina iluminando el final, en el que queda perfilado en el imaginario del lector el talento narrativo de su autor, ya que, como dice el maestro Cortázar, es un género que, estando bien escrito, siempre "... gana por K.O.".



jueves, 6 de marzo de 2014

¿Quién fué William Shakespeare?

William  Shakespeare


por AnaAlejandre

La existencia real de este insigne autor y la autoría de las obras que se conocen firmadas con su nombre ha sido siempre motivo de controversias académicas que no se ha resuelto aún. Al apasionado debate ha contribuido el artículo publicado en el The New York Times firmado por el profesor de la Universidad de Austin, Douglas Bruster, al afirmar en dicho texto que Shakespeare fue el autor de una parte de La tragedia española, escrita por Thomas Kyd, dramaturgo inglés, y fechada entre 1582 y 1592. Bruster señala que el texto de Kyd fue corregido y se le añadieron 325 versos, una década después de haber sido publicado en 1602. El estilo del nuevo texto incorporado, además de las erratas contenidas en él, parecen indicar, sin duda alguna, que el autor de dicho añadido no es otro que William Shakespeare.

Esta afirmación hace aún añadir más dudas a la polémica ya existente sobre la verdadera identidad de este escritor cuya fama traspasó fronteras como autor de algunas las obras más importantes de la literatura universal, y que plantea nuevas preguntas sobre la verdadera identidad del genial dramaturgo, porque si existen muchas dudas sobre quién fue realmente el autor de las obras firmadas por Shakespeare, más aún existe la duda sobre quién fue el escritor que corrigió y añadió buena parte de La tragedia española.

La controversia sobre la verdadera identidad de William Shakespeare se inició a mediados del siglo XIX y sus argumentos fueron siempre apasionados e irreconciliables entre dos grupos que representan las dos posturas ante esta cuestión: los "escépticos" (llamados anti-stratfordianos), y los "creyentes" (denominados como stratfordianos).

De los que no existe duda alguna es de que existió realmente un William Shakespeare (Shakespeare o Shakspere, o Sakspere, o Shaxper, según las distintas versiones), nacido en Stratford-upon-Avon, localidad próxima a Londres, que fue actor y poseía compañía teatral propia.

La obra de tan insigne autor está reunida en el Firts folio, que fue publicado en 1623, y en la que se reúnen 36 obras firmadas con el nombre de William Shakespeare, lo que forma su legado literario y en él se basan los argumentos de los que defienden su identidad y autoría de tales obras. Sin embargo, para los llamados "escépticos", el actor, aunque existió en la realidad, fue sólo una tapadera que ocultaba la verdadera identidad del autor de dichos textos, y los nombres que se barajan como posible y verdadero autor de dichas obras son Marlowe, Francis Bacon, Edward de Vere, conde de Oxford y, últimamente, Molière. La duda que existe al respecto es si un simple actor pudo ser capaz de escribir obras de la calidad literaria y genialidad que llevan su nombre, como son HamletRomeo y Julieta o Macbeth. Y si no es así, entonces ¿quién las escribió?

Todos los partidarios de una u otra postura han creado una extensísima literatura al respecto, dando argumentos muy apasionados y vehementes, llegando al punto de redactar una Declaración de Duda Razonable sobre la identidad de William Shakespeare,que fue promovida por la Shakespeare Authorship Coalition (SAC), asociación con domicilio en California (EE.UU). Su idea al promover dicho texto estaba motivada y apoyada por las dudas que nombres célebres de la literatura y el arte del pasado ya testimoniaron en vida, afirmando sus dudas razonables sobre la verdadera identidad de Shakespeare, como fueron personajes tan conocidos como Mark Twain, Charlie Chaplin, Sir John Gielgud o Wait Whitman. A dicha Declaración le acompañaba más de 2.600 firmas autentificadas de personajes actuales como son el actor Sir Derek Jacobi, el director de cine Roland Emmerich o el actor Jeremy Irons. Todos estos personajes manifiestan su desconfianza y dudas al respecto, porque argumentan que Shakespeare no poseía los conocimientos ni el bagaje cultural necesarios para ser autor de obras de tanta calidad y altura literarias.

También hay organizaciones que defienden vehementemente la postura contraria, como es la Shakespeare Birthplace Trust, domiciliada en Stratford-upon-Avon, lugar natal de Shakespeare. Esta asociación defendió hace dos años la identidad del actor-autor cuando se estrenó la película Anonymous, de Roland Emmerich -que, como se señala anteriormente, defiende la opinión contraria-, película en la que se ridiculizaba a la figura de Shakespeare y se hacía hincapié en la supuesta incapacidad del actor para haber escrito las obras de fama universal. Dicha organización solicitó a sesenta expertos y personalidades (entre las que se contaban el Príncipe Carlos de Inglaterra y Greg Doran, director artístico de la Royal Shakespeare Company) para que respondieran en sesenta segundos cada uno a sesenta dudas, titulando a dicha conferencia on line 60 minutos con Shakespeare. ¿Quién fue William Shakespeare?. En dicha conferencia se esgrimieron argumentos de todo tipo, pero fue contestada duramente por el actor Michael York, quien fue en cabeza de una ácida oposición a los argumentos que esgrimieron los expertos en defensa de la opinión de Shakespeare Birthplace Trust.

La 
Royal Shakespeare Company fue constituída en la década de los sesenta a fin de dotar a las obras de Shakespeare de una unidad de estilo en su dirección e interpretación, además de fomentar y promover el estudio de su obra. Esta compañía defiende la identidad de Shakespeare, por lo que en su página web ofrece una completísima biografía del escritor, datos y fechas concretas de su vida: fecha de nacimiento y bautismo, además de hablar de su temprano matrimonio y su labor como actor, dramaturgo y fundador de la compañía teatral del Lord chambelán; así como también habla de sus descendientes y de su fallecimiento, el 23 de abril de 1616.

También, esta completísima web shakesperiana, incluye en sus páginas un espacio para el debate, ofreciendo un artículo del profesor Stanley Wells, presidente del Shakespeare Birthplace Trust en el que dicho experto afirma que las dudas sobre la identidad y autoría de Shakespeare es sólo fruto del esnobismo y de la fuerte oposición a creer que la genialidad que muestra en sus obras pueda proceder de un hombre con un origen humilde. Además, califica esa actitud escéptica de ignorante, así como de un deseo por parte de quienes la defienden de obtener notoriedad y de ser fruto de una aberración psicológica.

Dentro de tres años se cumplirá el cuarto centenario de la muerte del genial autor de obras que son ya patrimonio de la Humanidad; pero, a pesar del tiempo transcurrido y de las evidencias que demuestran, la realidad existencial del dramaturgo y de su autoría de las obras que llevan su nombre, sigue encendiendo acalorados debates y controversias, porque el genio creador de un sólo hombre excede por su magnitud la comprensión de otros muchos que no lo poseen; ya que, no pudiendo negar la extraordinaria calidad literaria de sus obras, le niegan la autoría de las mismas en un mísero intento de borrar su nombre, porque no pueden negar su genialidad creadora.