Género negro

Loading...

Entrevista a Andrés sorel

Loading...

Buscador

Traductor

Sígueme

twitter facebook linkedin googleplus youtube pinterest

lunes, 6 de diciembre de 2010

Los objetos nos llaman, de Juan José Millás.

LECTURAS...


Los objetos nos llaman
Juan José Millás
Seix Barral, 2008


Este libro singular, Premio Narrativa 2008, nos muestra una nueva imagen, distinta por desconocida, de Juan José MIllás que destila un humor irónico, surrealista, pero siempre sutil e inteligente, mostrando a lo largo de los relatos que componen este libro la visión crítica, pero siempre desde la clave de humor, satirizando lo esperpéntico de esta realidad a la que nos aferramos y poniendo de relieve lo absurdo de la vida cotidiana que, por estar acostumbrados, nos llega a parecer hasta lógica y coherente.

No intenta Millás, en ningún momento, denostar a la sociedad que nos ha tocado vivir, ni siquiera la critica de forma directa, porque en este delicioso libro, lleno de guiños al lector, hay una inmensa carga de ternura, de aceptación implícita de que la vida es como la hacemos nosotros y adquiere, por ello, nuestra propia imagen de seres que vivimos encerrados en unos parámetros de supuesta lógica a los que desmenuza con su fina ironía y nos los expone en su auténtico significado de puro disparate, de continuo y nunca acabado esperpento.

Juan José Millas, brinda al lector, en esta colección de relatos de tono surrealista, lo mejor de su propia capacidad narrativa; pero en la que destaca el desencanto, la desilusión del propio autor y su incapacidad, la de todos, para comprender esta sociedad enloquecida en la que nada es lo que parece y la realidad la vivimos y asumimos, día a día, a fuerza de capacidad de adaptación y de resignación. El propio Millás se rebela contra ello, escribiendo una de sus mejores obras en las que el lector podrá encontrar motivos de carcajada continua, pero sin dejar, por ello, ese fondo de tristeza que parece impregnar esta obra en la que su autor vierte su propia capacidad humorística para vencer a una realidad que nos asfixia a todos por su carga de tediosa rutina y de convenciones sociales que no convencen a nadie y que nos impiden vivir una vida plena de significado, sumidos en la vorágine absurda que nos atrapa en las redes del conformismo y del “esto es lo que hay”.

Sin duda alguna, esta obra muestra la plenitud creadora de Juan José Millás que parece querer mostrarnos el otro lado de la realidad, pero desde ella misma, mostrando su imagen distorsionada como esos espejos cóncavos en los que la imagen real se muestra deforme; pero, en este libro, es la realidad grotesca que vivimos la que nos ofrece su verdadero cariz, a través de las diversas historias que lo componen que no dejan de ser fieles a la realidad que reflejan, a pesar de parecernos absurdas y ridículas, pero nunca carentes de veracidad irónica y triste a la vez, lo que produce ese humor tierno, ácido, inteligente y siempre certero de un autor que ha dado en la diana, porque a través de estos relatos nos ofrece la visión de un mundo que aparece absurdo en ellos, porque es su propia y más fiel imagen.

Recomendable para todos los lectores que quieran pasar un rato de reflexión, risa y lectura amena, pero siempre inteligente, que les mostrará una visión de la vida y la gente en la que todos podemos reconocernos.

Introducción

Los libros comentados en este blog, con independencia de su año de publicación, son obras que por su calidad literaria, novedad estilística o por el interés que ofrece su contenido, en relación con las obras de narrativa, ensayo, biografía o memorias, son comentadas por ser obras dignas de lecturas  primeras o sucesivas, para quienes las hayan leído anteriormente, ya que, sin duda, no defraudaran al lector.


El hombre vigilado, Vesko Branev

(Autobiografía)

El hombre vigilado
Vesko Branev
Galaxia Gutemberg/Círculo deLectores
420 págs


por Ana Alejandre

Aunque parece que todo ha sido escrito ya sobre las vivencias en primera persona por parte de los diversos autores en los totalitarismos, sin embargo este libro de Vesko Branev, abre nuevas perspectivas sobre dicho fenómeno sufrido por el autor, a lo que hace referencia el propio título del libro que fue redactado basado en los informes que la Seguridad del Estado búlgaro creó sobre él.

El autor, de nacionalidad búlgara, estudiaba, a los 25 años, cine en Berlín y se instaló en la parte occidental de la ciudad, antes de ser construido el Muro de la Vergüenza. Poco después, es detenido por la Stassi y conducido hasta Bulgaria y, desde ese momento, será objeto de continua vigilancia por parte de los llamado „hombres de la sombra“, temiendo en todo momento ser víctima de la cruel y despiadada maquinaria política.

Después de leer dichos informes de los que era protagonista forzoso, Branev va analizando y desenredando, con absoluta lucidez y sinceridad, toda una trama de traiciones en cuyo centro se encontraba por cercanía a tantos informadores y chivatos que podían pasar a ser, en cualquier momento, de amigos o conocidos a simples verdugos ejecutores de una traición inesperada.

Branev no es un activista político, sino sólo un ciudadano que piensa y no quiere renunciar a su propia dignidad personal, por lo que era un resistente a la extorsión continua e implacable a la que estaba sometida permanentemente la sociedad búlgara y en la que cualquier pensador era un disidente, por el simple hecho de utilizar la inteligencia y la razón como armas únicas contra la barbarie de un estado totalitario que no acepta ni permite la disidencia ante sus implacables designios. El título habla del hombre vigilado, espiado y acosado, lo que le llena de perplejidad y temor, pero sin renunciar, por ello, a la propia capacidad crítica y a su irrenunciable dignidad.

Este libro abre nuevas perspectivas sobre un fenómeno ya estudiado y explicado hasta la saciedad, porque a través de los informes analizados y comentados por el propio Branev vamos asistiendo, entre el estupor y el desconcierto del propio autor, a toda una maraña de informes a los que Branev llama „el diario del tiempo humano perdido“, que demuestran el estado paranoico de un sistema totalitario que sólo permite y acepta el ejercicio de una intelectualidad corrupta y que de forma amena nos narra, pero sólo parece querer ajustar cuentas en la última parte del libro por haber sido víctima de lo que el propio autor llama “crimen continuo“.

Interesantísimo y esclarecedor libro de lo que han significado los estados totalitarios en los que es posible sólo la dictadura del terror; pero contado desde la cercanía que da la visión de una víctima de esos paraísos socialistas en los que la libertad y la dignidad del individuo sólo son una entelequia al servicio de los intereses políticos.

El viento de la luna, Antonio Muñoz Molina

...Y relecturas




El viento de la Luna,
de Antonio Muñoz Molina,
Seix Barral, 2006

"El viento de la luna"  es el último libro de este prolífico autor, publicado después de su vuelta de Nueva York, ciudad en la que ha estado dirigiendo el Instituto Cervantes. Esta última obra se puede considerar como uno de los relatos más lúcidos y brillantes  sobre el ansia de conocimiento del ser humano y que, en este caso, se centra en un adolescente completamente fascinado por la aventura espacial del primer viaje a la Luna del Apolo XI, entroncando este interés apasionado con su vida en una pequeña ciudad, o pueblo, de Andalucía  en la España de 1969.  
Se puede considerar un nuevo episodio del ciclo de Magina que se inició con su primera obra, Beatus Ille (1986), aunque no parece estar en la voluntad del autor continuar una saga sobre dicho lugar, ya que sólo utiliza esa ciudad imaginaria como territorio en el que centrar una mirada retrospectiva, una vuelta a sus orígenes y recobrar así la memoria de sus mayores, pero hecha siempre esta recreación con  profundo respeto y admiración, aunque sin dejarse influenciar por ellos, ni acallando su espíritu crítico. Esta nueva obra de Muñoz Molina vuelve a retomar el pulso a la antigua narrativa de corte social que en esta España moderna, plural, tecnificada y próspera, parecía ya haber caído en el olvido. Este autor en esta obra, y en otras muchas anteriores, ha querido demostrar, y lo ha conseguido completamente, que aún quedaban mucho por decir de una época y de una historia que es común a todos y de la que venimos.
Este intento de recobrar la memoria colectiva también lo realiza con evidente acierto en El invierno en LisboaBeltenebrosEl jinete polaco o Plenilunio, novelas todas ellas con excelente acogida de crítica y público, algo de por sí muy difícil de conseguir al mismo tiempo, lo que le convierte en uno de esos pocos escritores que, con sus obras, consigue reconciliar a unos y a otros, en un difícil equilibrio de lucidez creativa, excelente prosa y magistral capacidad narrativa.
En  El viento de la luna hay todos aquellos elementos que conforman la vida provinciana de aquellos años: clasismo atroz, vencedores y vencidos, prejuicios y miedos,  ignorancia, relaciones familiares cambiantes, trabajo extenuante y sin otra posible recompensa que no sea la que se pueda encontrar después de la muerte, la inocencia primigenia siempre víctima, todo ello bajo la supervisión de una Iglesia con un poder desmesurado que controla vidas y conciencias en aquellos años en los que sucedió el viaje a la luna y que era 1969, cuando empezaba a haber una cierta bonanza y las familias ya podían irse a veranear a la playa, comprarse un utilitario y cambiar el cine al aire libre por el televisor en blanco y negro, lo que empieza a cambiar las mentalidades y el tipo de vida, porque ya no se piensa en trabajar como esclavos en la tierra o en dirimir conflictos a tiros, sino en intentar arañar algo de comodidad, diversión y, sobre todo, paz duradera y tangible, a unas vidas que discurren dentro de la monotonía cotidiana y mientras los habitantes de Magina siguen viendo en el NO-DO y en la televisión las imágenes contradictorias que les hablan, por una parte de un pasado que continua, aunque atenuado, y por otra  de la promesa sugerida de que es posible otra España más moderna, próspera y tan distinta a la que conocieron y sufrieron sus mayores.
También el futuro está presente en la novela, materializado en los sueños del protagonista adolescente y en la mejora, tenue pero continua, de la calidad de vida personal y familiar, en esa ciudad imaginaria como es Magina, aunque tan real como cualquiera otra  de la región andaluza o de otra zona de España y, sobre todo, en ese futuro esperanzador auspiciado por la técnica que está representado en las imágenes que llegan desde Cabo Cañaveral y que presentan a una luna más cercana, accesible y real, igual que esa bonanza de vida incipiente se convierte también en una realidad cada vez más alcanzable en sus promesas de bienestar, a pesar de que aún Franco, y lo que representa para muchos, sigue llenando, con su voz monótona, la vida de una provincia rural cualquiera que está entre dos mundos representados por la imagen del Caudillo, uno; y la de la luna y los astronautas que la pisar por vez primera, otro; pero siempre más deseable en sus promesas de un mundo mejor en el que es posible vivir sin tener miedo ni pasar penurias.
Muñoz Molina recrea la España de pocos años antes de la muerte de Franco, haciendo, una vez más, una demostración palpable de su gran talento narrativo.

miércoles, 9 de junio de 2010



Tan lejos, tan cerca
(Autobiografía)
Adolfo Marsillach
Tusquets (Fábula)
Barcelona, 1998


Esta obra, que fue ganadora del XI Premio Comillas de biografía, memorias y autobiografía, es un libro que, a pesar de su fecha de publicación: 1998, tiene la actualidad de un testimonio vivo y palpitante, aunque su autor haya fallecido en 2002, dejando un vació profundo en la escena y el cine español por su carácter excepcional de talento puesto al servicio de las artes escénicas.

Leer la autobiografía de este extraordinario director y actor teatral, aunque también tiene en su haber una excelente carrera cinematográfica, es un doble placer: primero, porque a través de las 574 páginas, amenísimas, lúcidamente irónicas y demoledoramente sinceras, transita todo el mundo teatral, televisivo y cinematográfico de las décadas que van de los cincuenta hasta finales de los noventa que es cuando decide escribir estas memorias; y, segundo, porque el inteligente y mordaz análisis que hace Marsillach del mundo teatral, de los directores, actores, empresarios y demás figuras relacionadas con ese apasionante y variopinto laberinto en el que se entrecruzan desde primeras damas del teatro, hasta la aspirante actriz; y desde el director más consagrado, hasta el dramaturgo, o aspirante a serlo, en una amalgama que le proporciona al lector unas horas inolvidables de diversión, conocimiento del mundo teatral y televisivo de la época y, sobre todo, llega a vislumbrar el auténtico cariz de muchas y conocidas figuras de la escena que desfilan por esta autobiografía dejando la estela de su personalidad peculiar, a través del conocimiento profundo del autor de este volumen de memorias que nos hace creer estar viendo a los personajes a los que retrata de forma magistral, con esa dosis de ironía y la capacidad analítica y descriptiva que sólo la inteligencia puede otorgar.

Marsillach no deja títeres con cabeza, aunque no hay en él resentimiento, ajuste de cuentas ni deseo de cobrar factura a sus posibles enemigos. Sólo hay un derroche de sinceridad y lucidez que se enfrenta a sus fantasmas del pasado para intentar componer ese rompecabezas fragmentario que es siempre toda memoria personal, para ir colocando en su sitio a cada figura de amigo o enemigo y darle el valor testimonial que, quien ha vivido tanto y tan intensamente, puede otorgar a sus relatos, a sus vivencias que toman ante el lector el carácter de documental y de auténtico y verídico testimonio de quien ha estado inmerso en todos y cuantos episodios relata, sin el menor atisbo de pudor, pero sin ningún deseo de ofender.
Cuenta la verdad que vivió y lo hace con la misma naturalidad con la que salía al escenario, dirigía una obra o interpretaba una película. No necesitaba nunca usar la careta impostora de quien no era, porque todos sus personajes representados y sus montajes tenía siempre la nota distintiva de la verdad, de la sinceridad con la que cumplía su oficio de actor-director, además de guionista, y a través del que vivía su pasión, su respeto y admiración por el teatro, por la interpretación, porque en Marsillach no había impostura ni siquiera cuando interpretaba un personaje de ficción.
No sólo habla de sus experiencias profesionales, sino también de su movida y apasionada vida sentimental y lo hace con respeto hacia las mujeres con las que estuvo unido, aunque no deja por ello de definir bien cuál le ha dejado un buen recuerdo y cuál no. No intenta halagar a ninguna, sólo cuenta su vida y sus amores con la misma naturalidad que los vivió, aunque no tiene reparo en reconocer que tuvo una vida “golfa”, como la define en ocasiones, sin tapujos ni hipocresías.
Su trayectoria profesional, jalonadas de éxitos, es una de las más importante del teatro y cine español. Intervino en series televisivas como Silencio se rueda, La Señora García se confiesa o, la más importante de todas, Ramón y Cajal.
Aunque colaboró con el teatro oficial, tuvo una importante dedicación al teatro independiente en la sociedad franquista que le permitió compaginar el teatro llamado comercial con el que verdaderamente le interesaba, por lo que su labor en ambos campos fue excepcional. En 1978 creó el Centro Dramático Nacional, entre 1989 y 1990 dirigió el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música y en 1985 creó la Compañía Nacional de Teatro Clásico, lo que da una idea de la importancia que su figura tiene en la historia del teatro español.
Aunque su ideología se fue decantando por la izquierda, nunca tuvo problemas con el régimen franquista porque su condición de hombre no implicado en la política no supuso nunca un problema para aquél, que lo consideraba un hombre no comprometido ideológicamente, quizás por ese deseo suyo de no llamar la atención si no era involuntariamente.
Esta obra, aún catalogada y a la venta, es indispensable para quien desee conocer mejor el mundo teatral de la segunda mitad del siglo XX y a una de sus figuras más representativas que nos muestra con toda sinceridad el mundo que le tocó vivir, disfrutar a ratos, y sufrir en muchos de ellos, con la inteligencia de quien sabe que cuando ya se está al cabo de la calle, no compensa mentirse a sí mismo ni a los demás y, por ello, se desnuda intelectual y vitalmente para ofrecernos este volumen autobiográfico que merece, sin duda alguna, el premio que le fue concedido por su calidad, su rigor y ese humor sutil, tierno, a veces, pero siempre a caballo de la más absoluta coherencia vital, que era el estilo con el que este gran hombre de la escena nos da su último y definitivo mutis por el foro.