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miércoles, 18 de marzo de 2015

"Rosa enferma", de Leopoldo María Panero



Rosa enferma 
Portada de "Rosa enferma", Leopoldo María Panero, 
Leopoldo María Panero
Huerga &; Fierro,
Madrid 2014, 96 pp.

"Rosa enferma", de Leopoldo María Panero, obra póstuma del últimos de los poetas malditos españoles.


            El poemario inédito que dejó Leopoldo María Panero al morir, ha sido publicado por sus editores de los últimos tiempos, Huerga & Fierro en este mismo año de su muerte.
             Compuesto de 58 poemas que son el más fiel reflejo de la mente, del pensamiento y sentimientos de su autor, ese poeta maldito, siempre a caballo entre la locura y la cordura, pero poeta que hace vibrar con la belleza tenebrosa de sus poemas a cualquiera que se enfrente a ellos, aunque sea con el ánimo encogido y el corazón deslumbrado por la belleza terrible que plasman y que no son otra cosa que el lamento siempre continuado de un hombre que pasó los últimos cuarenta años de su vida entre manicomio y manicomio, en un triste periplo por el territorio nacional por el que fue dejando tras de sí a familiares, amigos y quedando definitivamente derrotado y solo, tal como dice en este poemario : "Como si estuviera por fin solo/Colgado del último verso".
            La poesía salvó a Leopoldo María Panero de quedar irremediablemente sumido en la locura, porque esa necesidad de escribir, de expresarse, le conectaba con lo más profundo de su ser, con su talento poético inagotable, pero también era como un lacerante grito de dolor que ponía de relieve la mayor y más desnuda verdad de sí mismo y del enigma en el que el sufrimiento lo había convertido para sí mismo y para los demás.
            Decía Shakespeare que "El poeta es el espía de Dios", quizás porque es el único capaz de llegar a vislumbrar esas zonas oscuras, terribles, del alma humana, en el que la mirada de un no poeta no puede traspasar nunca.    Leopoldo Mª Panero lo supo hacer desde el primer momento que quiso escribir poesía, desde el instante en el que se dio cuenta que la esquizofrenia era el muro que le separaba de los demás mortales, supuestos cuerdos, pero también ciegos y desprovistos por ello de esa capacidad de horadar el alma humana, los entresijos de la mente que sólo se abren a la mirada atenta, profunda y doliente de un loco con la capacidad poética y el profundo bagaje cultural de este poeta loco, hombre solo y derrotado, que nunca abandonó el estandarte de la poesía como único faro de salvación que le acompañaba e iluminaba con su luz en la oscuridad terrorífica del mundo que le rodeaba, que le asfixiaba entre electroshock, tranquilizantes, neurolépticos y demás parafernalia psiquiátrica, con la que Leopoldo fue perdiendo, poco a poco, su resistencia hasta llegar a esa humilde aceptación de su mal, de su terrible enfermedad, pero de la que nunca se rebeló, porque, quizás, pensaba que era el estigma que ese Dios en el que no creía, pero al que buscaba desesperadamente, le había marcado como la señal inequívoca de ser un elegido, al igual que Van Gogh lo fue en el terreno de la pintura, otro loco genial que enseñó al mundo mirar la realidad con otros ojos.
            En este poemario se mezclan otras muchas voces de poetas y artistas, vivos y muertos: Pessoa, Mallarmé, Artaud, Elliot, Chandler, Gimferrer, Goya, que se entremezclan en un concierto coral y que conformaban el imaginario de Panero, porque a través de esas voces reencontraba la suya propia como un profundo eco en el que se hermanaba. Ellas alimentaron su propia obra, como confiesa el  poeta, negando la absoluta originalidad de  su obra, en un acto de modestia que pone de manifiesto su altura moral, ética y poética. Todas esas voces formaban parte, junto a otras muchas, de un caudal siempre inagotable que unía sus sonoras aguas a las suyas propias de creación poética que le acompañó hasta su muerte, esa que le libró de sus propios fantasmas y le llevó al otro lado de la realidad, de la vida, a la que decía odiar y despreciar, porque de ella sólo obtuvo el dolor, la soledad, la incomprensión y su terrible orfandad, lo que le llevó a escribir, en uno de los poemas de esta obra póstuma, que todo eso le había llevado hasta el final. "Orinando sobre mi cadáver que es el único/ En saber el secreto inmundo de la vida".
            Esta obra es el testamento literario póstumo de quien supo, en todo momento, que la belleza también se esconde en la parte más oscura de la vida cuando un poeta sabe rescatarla del pozo de la congoja y la desdicha.
            Ya lo dice el poeta en uno de los trémulos poemas contenidos en este libro:     
           
VI

Lo que promulga el psiquiatra jefe de este manicomio
Ya la página lo dice, qué oscuro es la mortalidad retrasada
Qué terrible la vida que nada sabe del hombre
Porque el hombre se arrodilla sin remedio ante la página llorando
Y escupe contra el hombre
Y dibuja líricamente en un árbol la silueta del colgado antes de colgarse
El temblor oscuro del sepulcro
Que está hecho no para los hombres
Sino sólo para el silencio y la ruina
Y para la buena nueva del desastre
Para el terror gótico de estar vivo como un ángel
Por eso la poesía es el camino de la oruga
Que hablará de mí a los hombres
Cuando esté muerto
Cuando un caballo recorra las páginas
Y anuncie a los hombres la buena nueva
De que ya no estoy solo
En la Santa Compaña del cierzo y del silencio

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  Nota.-  Este artículo fue publicado en Diario siglo XXI/Cultura/Libros, el 15 de septiembre de 2014 (ver vínculo)


          

Lucrecia Borgia, la hija del Papa, de Dario Fo

Lucrecia Borgia, la hija del Papa,  de Dario Fo, proyecta nuevas luces clarificadoras sobre esta denostada figura histórica.

            Una biografía novelada insólita en su retrato del personaje.



            Lucrecia Borgia (Subiaco,1480 - Ferrara, 1519) además de su belleza extraordinaria que pintó Pinturicchio, siempre ha sido considerada como un personaje maléfico, poseedora de todos los vicios y símbolo de la más genuina maldad, a pesar de que ejerció el mecenazgo de escritores y artistas, y supo  acoger y proteger a sus familiares después de producirse la caída de su padre, el Papa Alejandro VI.
             Fue el último miembro de la poderosa, influyente y temida familia de los Borgia (apellido al que latinizaron más adelante convirtiéndolo en Borgia),  oriunda de Borja, región española que se encuentra en los confines orientales de la sierra del Moncayo (Zaragoza), aunque se estableció dicho linaje en Valencia en el siglo XIII. Uno de sus antepasados fue el obispo Alonso de Borja (1378-1458) que llegó a Roma procedente de Játiva y fue elegido Papa con el nombre de Calixto III, y quien se hizo famoso por su carácter déspota y cruel que le ganó el odio y rechazo de los romanos, de lo que se benefició su sobrino Rodrigo, padre de Lucrecia, quien consiguió sortear la animadversión que el apellido Borja había cultivado por la actuación de su tío y a la muerte de éste, gracias a la fortuna heredada, consiguió el papado con el nombre de Alejandro VI.
            Lucrecia vivió y creció en el seno de las poderosas, cultas, pero siempre depravadas cortes renacentistas italianas, en las que era práctica habitual la terrible costumbre de envenenar con diversas pócimas -especialmente arsénico-, a los invitados que representaban un estorbo o un peligro en el camino de ambición y búsqueda del poder de los anfitriones, obsequiosos en apariencia y criminales en su evidente intencionalidad. Dicha actividad criminal ha sido imputada a la propia Lucrecia, creando así su halo maldito que la convierte en un personaje temible y morboso que ha pasado a la historia.
            Dario Fo, el actor y dramaturgo italiano, Premio Nobel de Literatura en 1997, ha escrito esta biografía novelada que sirve de objeto de este comentario, en un deseo de rehabilitar la siempre denostada figura de Lucrecia Borgia, otorgándole una luz clarificadora que despeja las muchas sombras que se cernían sobre esta desdichada mujer que murió con sólo treinta y nueve años y en cuya corta vida vivió intensamente en pleno esplendor del Renacimiento. Desde su nacimiento su vida estuvo marcada de forma indeleble por la  lucha por el poder, la ambición y los avatares políticos en el seno de su famosa estirpe. Este insólito personaje ha despertado la atención de escritores, historiadores y filósofos, y ha hecho correr ríos de tinta en diversas biografías, libros de historia dedicados a su figura, ensayos y un largo etcétera, al que se suma esta obra de Dario Fo, escrito como un póstumo homenaje a la memoria de su esposa recientemente fallecida.
            En esta obra sobre Lucrecia Borgia, tan diferente a las anteriores que sobre dicha figura se han escrito, Dario Fo ha abandonado todas las teorías que sobre dicho personaje han sido las que han vertido sobre ella toda clase de conjeturas escandalosas, malévolas y distorsionadoras, para recrear su figura desde el punto de vista de la vertiente más humana, alejada de toda clase de corrientes históricas escandalosas, borrando la imagen de mujer viciosa, malvada e incestuosa, pero siempre teniendo como telón de fondo la época histórica en la que vivió y el día a día de la vida cotidiana. Todo el esplendor de las cortes renacentistas envuelve su figura, bajo la sombra  del Papa Alejandro VI, su padre, el Pontífice más siniestro y corrupto de la historia; además de la inquietante presencia de su hermano Cesar Borgia, otro personaje en el que la crueldad, la maldad y la maquinación se aunaban al servicio de su ambición.
            Lucrecia, fue así una figura útil que su padre y hermano utilizaban para crear alianzas que convenían a sus propios intereses. Los tres maridos de Lucrecia, fueron víctimas de las intrigas por el poder, siendo expulsados, asesinados o humillados. Alejandro VI casó a su hija, con sólo trece años, con Giovanni Sforza, aunque el matrimonio sólo duró cuatro años debido a las maquinaciones del Pontífice para romper esa unión, por lo que Sforza tuvo que huir, presumiblemente avisado por su esposa, lo que sirvió a los planes de Alejandro VI que pudo anular el matrimonio con la disculpa de que era impotente. Todo ello para casarla con su segundo cónyuge, Alfonso de Aragón, príncipe de Bisceglie, bastardo de la familia real de Nápoles, boda que se celebró en agosto de 1498, y con quien Lucrecia tuvo un hijo llamado Rodrigo que nació en noviembre del siguiente año. Mientras Cesar Borgia aspiraba al trono de Nápoles mantuvieron en vigor el matrimonio, pero una vez que sus aspiraciones se truncaron, Alfonso fue asesinado en presencia de Lucrecia. El tercer marido fue el duque de Ferrara, Alfonso de Este, quien la sobreviviría  al fallecer Lucrecia en 1519 de sobreparto.
            También las figuras de sus diversos amantes aparecen en esta obra, entre ellos el más importante para Lucrecia, el gran humanista Pietro Bembo, con el que compartía la gran pasión por el arte, la poesía y el teatro, pues Fo retrata a Lucrecia como una mujer inteligente, culta e interesada por el conocimiento.
            Fo, para quitarle la negra sombra del oprobio a esta interesante figura femenina, niega el incesto de Lucrecia con su padre y hermano; y descarta que ella fuera la madre del llamado "hijo de Roma", cuya paternidad fue reconocida sucesivamente por el Papa Alejandro VI y por César Borgia. Igualmente, desmiente el supuesto romance de Lucrecia con su concuñado, el marqués de Mantua.
            Lucrecia aparece así como una mujer atrapada en una vorágine de ambiciones entrecruzadas, intrigas, confabulaciones y lucha por el poder, en la que sabe que su propia supervivencia en ese ambiente insano depende de su familia y de su propia inteligencia para sortear los obstáculos y peligros que la rodean, aunque también tiene en su contra que sabe que tiene más integridad moral que todos sus familiares, sin que ello presuponga que es una mujer llena de ingenuidad e inocencia, pues posee, además de inteligencia y una gran astucia, una excelente capacidad organizativa e iniciativa que le permite formar un ejército o también realizar labores de vicaria para sustituir a su padre en ciertas ocasiones.
            Toda la obra de Fo está plagada de diálogos -aunque en algunos momentos estos parecen estar supeditados a la función de ofrecer datos, lo que fuerza la propia dinámica del diálogo-, en los que demuestra su maestría dialoguista como buen dramaturgo que es; además de ofrecer múltiples notas a pie de páginas que van aclarando conceptos, ofreciendo datos y dando así un marchamo de autoridad a toda la obra, algo insólito en este género -por ser un recurso que es propio de los tratados académicos-, en el que la historia y la ficción narrativa se mezclan, creando situaciones, diálogos y escenas que son fruto de la imaginación del autor y no de la propia y aséptica realidad histórica.
            Toda la narración ofrece una agilidad y ligereza que agradece al lector por hace su lectura amena que, sin duda, atrapara a los amantes de las novelas históricas y de la siempre apasionante época del Renacimiento  italiano, porque encontrarán en esta obra un motivo de disfrute y conocimiento, además de una más amable imagen de Lucrecia Borgia, iluminada por una luz que  proyecta nuevos y más benévolos perfiles de  este personaje siempre denostado, y suaviza las sombras con las que los tratados históricos la han cubierto siempre de ignominia.

Lucrecia Borgia, la hija del Papa. Dario Fo. Traducción de Carlos Gumpert. Siruela. Madrid, 2014. 272 páginas.
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Nota
Es artículo fue publicado en Diario Siglo XXI/cultura/libros el 17 de Noviembre de 2014 (seguir vínculo)

http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/189172/lucrecia-borgia-la-hija-del-papa-proyecta-nuevas-luces-clarificadoras#.VQoopY6G9sI