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domingo, 22 de septiembre de 2013

Poemas inéditos de Pedro Salinas



Pedro Salinas, el poeta de la Generación del 27, uno de sus más genuinos representantes y el mayor en edad, pero también el poeta que supo tratar el amor y sus gozos y desmanes con mayor belleza y rotundidad lírica, poeta de un lenguaje limpio y transparente, lúcido estudioso y autor de múltiples obras poéticas y ensayísticas, así como dramaturgo del que apenas se conocen sus obras escritas para el escenario, ha vuelto a ser noticia con la publicación de ciento cuarenta y dos poemas inéditos que han sido reunidos en «Poesía inédita» (Ed. Cátedra) en una rigurosísima edición de Montserrat Escartín Gual, catedrática y experta en la obra de Salinas y autora de la magnífica introducción de dicha obra.

De la labor de compilación y edición de estos versos inéditos de Salinas, afirma dicha señora que el problema más importante con el que se han encontrado ha sido poder descifrar la enrevesada letra del poeta que ha dificultado enormemente la ya de por sí ardua labor. Además, también ha supuesto un trabajo ingente la consulta de los diversos manuscritos existentes en varios archivos -el principal en la biblioteca Houghton de Harvard, donde se encuentra depositado el legado de Pedro Salinas-. A todo eso, se han sumado otros problemas como la dificultad para manejar los soportes materiales en los que están escritos los versos inéditos, así como la inexistencia de datos para poder fechar los poemas y la pésima catalogación de los manuscritos que han convertido a su edición en un difícil pero no menos apasionante reto.

Estos poemas inéditos, ahora rescatados del olvido, siempre estuvieron ante la mirada de los investigadores; pero ha sido la enrevesada e indescifrable letra de Salinas la culpable de que pasaran inadvertidos y no se catalogaran.

Al ver la cantidad y la calidad de dichos poemas inéditos, fue lo que decidió reunirlos en esta obra que es una antología que ofrece un contenido variado tanto en su grado de ejecución, ya que entre ellos se cuentan simples esbozos, con mayor o menor grado de elaboración, a poemas totalmente terminados, como en el estilo, pues se encuentran poemas de verso libre y también de estrofa clásica con rima que están representados en siete sonetos descubiertos entre los inéditos, así como otros en los que se encuentra el isosilabismo. También hay diferencia en cuento a la extensión de los poemas, pues hay algunos muy breves, que pueden ser asimilados a la poesía gnómica, y, en contraposición con estos últimos, otros con largos versículos de 20, 23 y 26 sílabas en su etapa final, lo que le hace preguntarse a cualquier estudioso de Salinas si éstos representan una inclinación del autor hacia el poema en prosa, o bien son fruto de experimentos de métrica o simples proyectos de poemas que fueron descartados por su autor.

Salinas tenía por costumbre volver a retomar poemas antiguos, quizás en similitud con lo que ya hiciera Juan Ramón Jiménez que denominaba a su propia producción literaria "obra en marcha", aludiendo así a que volvía a sus poemas y escritos ya publicados para darles una nueva, corregida y acabada forma.

Monserrat Escartín, por ese motivo, cree que la técnica de Salinas era, más bien, rescatar poemas descartados en un principio que volver, una y otra vez, a corregir lo ya publicado; pero esto no le exime de una escrupulosa atención y cuidado en su escritura, al igual que hacía su maestro, el poeta de Moguer.

Aunque Salinas es para la mayoría un poeta especialmente volcado hacia los temas amorosos, en estos poemas inéditos se encuentran reflejadas muchas más cuestiones; la soledad, la incomunicación, las múltiples y nunca resueltas dudas existenciales, la vida familiar y sus avatares como es el nacimiento de los nietos; el desarraigo que Salinas vivió desde su marcha de España, la dura realidad de la vejez y otros muchos que le sirven de punto de partida para preguntarse sobre el sentido de la vida y reflexionar sobre la siempre enigmática y misteriosa existencia de Dios; pero, además, trata de otros temas entre los que la guerra civil española que vive en la distancia del exilio, lo que le hace preguntarse en el poema «¡Oh, vosotros, hermanos!» -que aparece más abajo-, sobre su propia actitud ante esa guerra fratricida de la que se siente ausente en el espacio, pero no en el sentimiento de la tragedia y en la impotencia de la lejanía.

Hay que celebrar la publicación de estos poemas inéditos que ofrecen una mayor claridad sobre la figura de Salinas y que, quizás, hará cambiar la opinión que sobre su propia obra poética se tiene, para definir mejor sus matices y llegar a abarcar toda la magnitud de este extraordinario poeta cuyos ecos aún resuenan como una de las voces más emblemáticas de la Generación del 27 por su rotundidad y belleza, lo que le hizo decir a García Lorca, hablando de la poesía de Salinas y su límpida transparencia, que escribía un género personal y exclusivo al que denominó las prosías.

Este poema que sigue, uno de los inéditos ahora descubiertos y publicados, sirve de muestra de lo que se dice anteriormente y que refleja al poeta que no sólo hablaba del amor, sino también de la guerra, del sufrimiento y de la muerte y le hacía preguntar y preguntarse sobre su ausencia de la patria en esos terribles sucesos, en un grito sordo que aún espera la respuesta:

¡OH, vosotros, hermanos!,
 en la gran lejanía
 de esa tierra altanera
 que me estáis defendiendo
 a mí, que nací en ella,
 ¿me podréis perdonar
 esto que yo no sufro?
 ¿Me podréis perdonar
 el crujido del pan
limpio cuando se quiebra
 vosotros, devorados
 por la araña del hambre?
 ¿Me podréis perdonar
este techo de silencio,
 estas cuatro paredes,
 vosotros, sin más techo
 que un cielo de metrallas,
 sin más muros que cuatro
 horizontes siniestros
 por donde están rampando,
 en vez de mis auroras,
 sucios soles de odio?
 ¿Podrá esa guerra vuestra
 perdonarme mi paz,
 esta paz que me pesa
 como otra guerra oscura?
 ¿Y podrán vuestras muertes,
 tú, y la tuya, y la tuya,
 y la del otro, y tantas,
 diez, veinte, ciento, mil
 muertes bajo la tierra,
 perdonar una vida
 que sigue en pie en mi pecho?
 (1937-1939)