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martes, 31 de julio de 2018

La muerte de la mariposa, de Pietro Citati

Portada de La Muerte de la mariposa, de Pietro Citati
La muerte de la mariposa
Pietro Citati
Trad.: Teresa Clavel
Gatopardo, 2017 . 399 pp.



Una excelente biografía de Scott Fitzgerald y Zelda Sayre y su tormentosa relación matrimonial, con el alcohol y la enfermedad mental como telón de fondo.

Ana Alejandre

Este ensayo literario sobre Scott Fitzgerald, el célebre escritor norteamericano, y su tormentosa relación con su esposa, Zelda Sayre, está escrito por uno de los críticos literarios más importantes de Italia, además de ensayista, biógrafo y un apasionado estudioso de la literatura, al más alto nivel, por su inmensa erudición y conocimientos.


De este ensayista y crítico se han publicado en España obras tan significativas como “La luz de la noche. Los grandes mitos en la historia del mundo”, “Kafka” -una excelente biografía que se puede considerar la mejor que hay escrita en castellano del escritor checo -, y “Leopardi”, todas ellas publicadas por la editorial Acantilado. “El mal absoluto: en el corazón de la novela del siglo XIX”, “Ulises y la Odisea”, publicadas por Galaxia Gutenberg; “La vida breve de Katherine Mansfield” y la que sirve de objeto de este comentario, “La muerte de la mariposa” por el sello Gatopardo.

Es en la biografía, género difícil para muchos escritores que lo convierten en una simple crónica periodística que solo ofrece meros datos biográficos del personaje en cuestión, donde se muestra en todo su esplendor el talento prodigioso que posee Citati y que ha demostrado fehacientemente en las obras dedicadas a Leopardi y Kafka, al igual que a Manzoni, Goethe, Tolstoi. Todas ellas le han valido el reconocimiento de la crítica y los lectores. Es autor, además, de una obra dedicada a mujeres escritoras que no ha sido traducida en España y que lleva el título de “Retratos de mujeres

Citati es un intelectual de inmensos conocimientos -recuerda mucho en su erudición al ya fallecido Umberto Eco, aunque sus obras sean muy diferentes-, por su profundo conocimiento desde los clásicos grecolatinos a los clásicos de la literatura universal, siguiendo los pasos de sus referentes en el género ensayístico literario como son G. Macchia y Mario Praz, entre otros nombres de prestigio de la literatura italiana del siglo XX.-

Uno de los más destacados méritos de Citati es que analiza y estudia a los escritores biografiados con una absoluta carencia de prejuicios pero gran objetividad, dando siempre prioridad al hombre sobre la obra, único camino para poder entender esta. Siempre ha partido de su intento de llegar a adentrarse en la mente y en el corazón de cada escritor para llegar a comprender, asimilar y casi reescribir su obra, todo ello desde el enfoque empático y siempre comprensivo del hombre que subyace debajo de cada obra literaria y el momento de su biografía en el que fue escrita.

Citati hace un perfecto retrato del matrimonio formado por Scott Fitzgerald y Zelda Sayre y sabe destacar los claroscuros de una relación que navegaba, pero siempre a punto de zozobrar, en el inmenso mar de la literatura que oscurecían las turbias corrientes del alcoholismo y la enfermedad mental.

Se casan el 3 de abril de 1920 y son padres de una niña, llamada Scottie, quien publicó hace años un famoso epistolario de las cartas que le dirigía su padre, con el título de “Cartas a mi hija”, en el que ha escrito el prólogo a su diecinueve edición (Alpha Decay), en el que comenta su vida como hija de uno de los más famosos escritores de EE.UU., experiencia no demasiada grata para ella, pero a la que describe con gran sentido del humor e ironía.

Scott y Zelda se conocieron cuando ella tenía sólo dieciocho años y era la belleza más popular de Alabama. Fitzgerald tenía veintidós y era un apuesto teniente de infantería. Zelda lo admiraba por su talento, pero sin sentir un amor apasionado. aunque se sentía halagada por las continuas atenciones, regalos y detalles propios de todo enamorado. Sin embargo, el alcoholismo de Fitzgerald se inició cuando vio los flirteos de su mujer con otros hombres, lo que llevaba a usar el alcohol como un antídoto al dolor que le provocaba su masculinidad herida. Ambos se necesitaban mutuamente: él la necesitaba como musa e inspiración para escribir de la alta sociedad norteamericana en la que estaban integrados y de la que eran asiduos asistentes a fiestas nocturnas interminables que mermaban la dedicación a la literatura que él necesitaba y a la que no podía atender porque su esposa le exigía tener una vida social activa y exigente de tiempo y energías. También, usaba las cartas y diarios de su esposa como parte de sus libros. Ella le necesitaba porque le permitía ver el mundo desde la siempre inteligente mirada de un escritor y codearse con los artistas e intelectuales más importantes de aquellos años, y le aportaba un mundo de creatividad, pensamiento y cultura que sobrepasaba su corto mundo de superficialidad y glamour.

Fitzgerald luchaba entre su deseo y necesidad de escribir y las exigencias sociales de su esposa que les llevaban a vivir intensamente la noche, fiesta tras fiesta, en aquellos locos años de la segunda década del siglo XX. Su pasión se iba convirtiendo paulatinamente en una ficción que mantenían ante los demás, velando la dura realidad de sus tormentas conyugales.

La crisis matrimonial llegó a ser insostenible cuando, durante el verano de 1924, mientras estaban en la Costa Azul, Zelda conoce a un joven oficial de la aviación francesa que le hace cuestionarse su propio matrimonio. Esto encoleriza a Fitzgerald que consigue apagar el fuego de aquella nueva pasión de su esposa, pero termina por mostrar los problemas de inestabilidad mental de Zelda en un posible intento de suicidio.

Fue al año siguiente cuando Fitzgerald publica El Gran Gatsby, su obra más famosa, mientras ella se busca una nueva ilusión en su maltrecha vida marital a través del baile. Este se convierte en su nueva obsesión, por lo que se obliga a dormir con los pies atados para moldearlos, lo que permite que se evidencie la esquizofrenia que estaba latente en ella. Por dicho motivo, ingresa el 23 de abril de 1930 en una clínica psiquiátrica, por vez primera. Estuvo 20 días y, una vez que le dieron el alta, tuvo un segundo intento de suicidio. Esta situación dramática propició que el alcohol que ella también consumía, unido a su enfermedad mental, la llevaron a acusar a su marido de haber tenido relaciones con el también escritor Ernest Hemingway. Esta acusación le llevó Fitzgerald a probar su virilidad con una prostituta, pero no lo pudo llevar a cabo porque su esposa se enteró y abortó el intento. Al igual que hizo cuando se enteró de que él se había enamorado de una jovencísima actriz de diecisiete años y Zelda, en un ataque de celos, arrojó por la ventanilla de un tren el reloj de platino y brillantes que él le había regalado al principio de su relación.

Fitgeral no abandonó nunca a su esposa por piedad, por comprensión de lo que significaba la enfermedad mental que ella padecía, y quizás por el recuerdo del amor que un día sintió por ella. Le escribió a su hija Scottie -de la que ya se habla anteriormente y del interesante epistolario de su padre que publicó-, unas emotivas frases que arrojan mucha luz sobre sus sentimientos hacia su esposa: “los enfermos mentales son simples invitados en la tierra, eternos extranjeros que llevan consigo decálogos rotos que no saben leer”. Y le añadió, también, como explicación al sufrimiento de toda la familia: “Deja de buscar alivio: no lo hay, y si lo hubiera, la vida sería cosa de niños".

El se consideraba el obligado a descifrar dichos decálogos rotos a su esposa de la que llegó a confesar que se consideraba más una madre que un amante. También, afirmaba que mientras estuviera con ella seguiría bebiendo, constatación de una práctica lamentable del que sabía su origen.

Sólo la muerte pudo separarlos. Fitzgerald murió a los 44 años de un infarto, el 21 de diciembre de 1940.. Dejó inacabada su obra póstuma, El último magnate, que refleja su pasión y talento literarios, una vez que superó el alcoholismo. Zelda murió el 10 de marzo de 1948, carbonizada a causa de un incendio que se declaró en la clínica en la que se hallaba internada a causa de su enfermedad mental. Después de la muerte siguieron unidos en la sepultura, ya que están enterrados en iglesia de Saint Mary, con el epitafio que su hija Scottie encargó de la obra más famosa de Fitzgerald, “El gran Gatsby”: “Y así, seguimos remando, botes contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado”.

Excelente frase que resume la vida tormentosa de un gran escritor que encontró en el alcohol una tabla de salvación para no ahogarse en su atormentada vida conyugal, su constante abandono de la literatura por culpa de una intensa y agotadora vida social y por una mujer que lo amaba y lo destruía a partes iguales. Tuvieron éxito, fama y fortuna social, pero fracasaron en la vida privada, en la parte más importante de la existencia de cada ser humano. Los hundió su deseo de lucir, brillar en sociedad y estar siempre bajo los focos de la celebridad que los iluminaba en público y los dejaba a oscuras en la intimidad. Cometieron todos los excesos porque en ellos podrían ahogar su sentimiento de soledad y fracaso, de estar cerca en territorio ajeno y muy lejos en el propio.

El título de este libro alude a la frase del propio Citati cuando habla de Scott Fitzgerald y su enorme talento literario. Lo hace de manera bellamente poética para definir el sentimiento de fracaso que tuvo el autor americano siempre sobre sus propias vida y obra: “Scott tenía aún la técnica y el espíritu romántico para hacer cualquier cosa, pero desde hacía mucho tiempo todo el polvo había desaparecido del ala de la mariposa, aunque el ala continuó batiendo hasta su muerte”. Nadie puede definir mejor el destino de este gran escritor que Citati.

Fitzgerald, por alcanzar la fama, el éxito y la notoriedad social, se perdió a sí mismo en una lucha constante y agónica entre su vocación literaria y las servidumbres de su éxito social. En esa lucha perdió lo mejor de si mismo: la magia que siente el escritor ante el papel en blanco, pero al que siguió enfrentándose cada día sabiendo que ya no iba a encontrar nunca más la infinita emoción, ya perdida, de toda creación, sólo la amarga certeza de su pérdida irremediable.


Excelente biografía de Fitzgerald es esta, escrita por otro gran escritor que eleva cualquiera de sus obras a las más altas cumbres de la gran literatura. El que lo lee una vez, descubre que el biógrafo es muchas veces más grande que el propio biografiado.



viernes, 30 de marzo de 2018

4 3 2 1 , Paul Auster


“4 3 21”
Paul Auster
Traducción de Benito Gómez Ibáñez
Seix Barral,
2017

“4,3,2,1”, de Paul Auster, una novela que explora las diferentes posibilidades que ofrece la narrativa al igual que la vida. Reflexión sobre el poder de las decisiones que marcan el destino humano.


La  nueva novela de Paul Auster, “4 3 2 1” es una obra a la que se puede llamar monumental y no solo por su tamaño que alcanza casi las 1.000 páginas y porque se puede afirmar que es la obra más ambiciosa de las que forman la extensa obra literaria de este autor. Su título alude a las cuatro partes, a modo de capítulos, que forman la novela y que se subdivide cada uno de ellos en otros cuatro subcapítulos que, en ningún momento, provocan confusión al lector por la labor de excelente narrador de Auster y están en consonancia con la propia historia y la idea que el autor quiere expresar a través de ella.

En esta novela, que fue publicada en inglés el pasado enero y publicada por Seix Barral en la edición española, traducida por Benito Gómez Ibáñez, -traducción que hay que destacar por su calidad-, se encuentra el estilo inconfundible de este autor, su personalísima cosmovisión y sus principios literarios que incrementa y enriquece con evidentes influencias de sus dos escritores clásicos a los que admira y constituyen unos de sus principales referentes literarios como son Charles Dickens y Tolstoi.

Archibald Isaac Ferguson, “Archie” es el protagonista de esta historia que es, a su vez, cuatro “Archie”, ya que cada uno de ellos  está unido a los otros tres por elementos comunes. Por ejemplo, la fecha de nacimiento de los cuatro, el 3 de marzo de 1947 -Auster nació en febrero de 1947, coincidencia como un guiño al lector, aunque el autor niega cualquier semejanza biográfica con su vida-, hijo único de Rose Adler Ferguson, abuelo de todos los “Archie”, es un judío ruso que emigra a Nueva York, entrando en el puerto neoyorkino el primer día del siglo XX. Una vez en EE.UU. se casará con Fanny y tendrá con ella tres hijos. Así empieza una nueva vida para este patriarca, incluso se cambia el nombre, dejando de llamarse Isaac Reznikoff para pasar a ser Ichabod Ferguson. Todos estos datos compartidos por el cuarteto de “Archie” se explican al inicio de la novela, como poniendo en antecedentes al lector de los nexos de unión entre los cuatro protagonistas en uno; pero haciendo hincapié en la importancia que el azar juega en este hecho de conjunción de elementos comunes al cuarteto que vienen a ser las cuatro identidades de un solo individuo.

No solo comparten las coincidencias antes descritas, sino que también está presente en las cuatro variedades de “Archie” la figura enamorada de Amy Schneiderman, pero cuya relación tiene diferencias que las singulariza. También, comparte el cuarteto archiedano su pasión por la escritura y su ejercicio en diferentes ámbitos que van desde el periodismo hasta la literatura. Sin embargo, a pesar de las coincidencias vitales, las vidas de los cuatro protagonistas son distintas, al igual que lo son los cuatro personajes entre sí con cuatro vidas diferentes, a las que les sirve de telón de fondo episodios fundamentales de la Historia de EE.UU., como fue  el ascenso a la Casa Blanca de John F. Kennedy y su posterior asesinato.

La compleja estructura narrativa de esta novela, además de ser un guiño al lector o juego literario, también representa una reflexión sobre cuestiones que nos atañen a todos y que pueden encontrar respuestas incómodas, por no decir inquietantes en su formulación. El autor reflexiona sobre los posibles caminos que se ofrecen ante una vida y que depende de la decisión de cada individuo cuál tomar lo que marcará su destino hasta un punto del que ni siquiera es consciente a la hora de decidir y, por lo tanto, estando a merced del azar      –siempre constante en la obra de Auster-, y el sentido de la responsabilidad de la decisión tomada y sus posibles consecuencias que desconoce a priori, lo que le hace estar siempre instalado en la incertidumbre de si la decisión tomada es la mejor, dando un plus de incertidumbre y duda  al hecho mismo de decidir.

Esta nueva novela es la primera después de un período de siete años en el que Auster ha seguido escribiendo, pero sin publicar una novela en el estricto sentido de la palabra, ya que en estos años se ha dedicado a escribir obras autobiográficas y memorialísticas, como son los títulos Diario de invierno e Informe del interior.

La escritura de “4 3 2 1” le ha supuesto un esfuerzo de tres años, en los que abandonó la actividad pública y se encerró en sus cuarteles de invierno como es el despacho para todo escritor, en un retiro casi monacal, para escribir de forma intensa e incansable todos los días. Esa capacidad de trabajo le permite a Auster contar con una extensísima  y fascinante obra de la literatura mundial.

Entre su novelas más destacadas están los títulos como La trilogía de Nueva York (Ciudad de cristal, Fantasmas, La habitación cerrada), LeviatánMr. Vértigo, o El libro de las ilusiones. También es autor de poesía, guionista y cineasta. Un hombre polifacético que ha cosechado premios tan importantes como el Premio Médici y el Príncipe de Asturias de las Letras, además del aplauso de la crítica internacional y la devoción de millones de lectores que se sientes fascinados por el personal universo austeriano.

Ese mismo universo que va a encontrar magnificado en la nueva novela que ofrece, en tamaño maxi la calidad narrativa de su autor junto a una nueva exploración literaria por, el ancho mundo de su narrativa, aunque a muchos de sus lectores le pueda parecer que no reconocen en esta obra al escritor que se adentra, en esta ocasión, en los múltiples vericuetos de las infinitas posibilidades que ofrece la narrativa para un personaje multiplicado en varios distintos que se convierte en otros muchos, al igual que la vida ofrece infinitas posibilidades que quedan siempre al criterio de quien tiene que decidir cuál elegir.

Auster, siempre Auster, aunque en esta ocasión es varios Auster que se unen en uno solo multiplicado como las infinitas posibilidades que abren las decisiones de cada ser humano.

Cuentos completos I, de Jack London


Cuentos completos I
Portada de cuentos completos I, Jack London,
Reino de Cordelia, Madrid 2017
Jack London
Reino de Cordelia
Madrid, 2017


El primer volumen de cuentos de Jack London, que reúne los 197 relatos en tres volúmenes, del maestro del relato de aventuras y de la vida salvaje, hasta ahora inéditos en España-Se publican por primera vez en castellano la colección de relatos completos de Jack London (San Francisco, 1876 - Glen Ellen, 1916), en tres volúmenes que suman casi tres mil páginas, por la editorial el Reino de Cordelia que ha realizado un excelente trabajo de recopilación y edición. Los casi doscientos relatos (197 para ser más exactos) que componen la obra estaban publicados de forma parcial, desordenada y sin criterio de selección, además de contener 36 de ellos que son inéditos. Todos ellos fueron escritos por el narrador estadounidense en los veintitrés años de febril actividad literaria. Esta edición está basada en la publicada por la Stanford University Press, California, en 1993., gracias al meticuloso trabajo que realizaron investigadores de dicha Universidad que dio lugar a la edición californiana. En la publicación española, la traducción es de Susana Carral que realiza una excelente labor y que será, también, la encargada de traducir los dos siguientes tomos que aparecerán a finales de 2018 y 2019, respectivamente.

El primer volumen que sirve de objeto de este comentario, contiene los ochenta y siete cuentos escritos entre 1893 y 1902, de los cuales cinco son inéditos y la primera versión del famoso relato “Encender una hoguera”. De estos 197 cuentos, 161 provienen de los veinte volúmenes de narrativa corta cuando aún vivía London y durante los seis años que siguieron a su muerte. Por lo que la mayoría fueron corregidos por el propio London

Dichos relatos que forman el primer tomo fueron escritos en su adolescencia y juventud. Predominantemente, el autor se inspira en sus andanzas como marinero en la goleta Sophia Sutherland que navegaba hasta Japón. Más tarde, London cambio de latitudes y se dirigió al río Klondike, entre Canadá y Alaska, para buscar oro acompañado por su cuñado, James Shepard. En tan desolados parajes, vivió los peligros que representaban los paisajes helados y la siempre constante presencia de la muerte blanca que se escondía en la nieve y el hielo con sus trampas mortales.

Todas estas duras experiencias London las llevó hasta su escritura, creando una obra apasionada y salvaje que utilizó para analizar los límites de la existencia humana y la capacidad del hombre para sobrevivir en las condiciones más extremas y a los mayores peligros.

Este autor escribía durante los años en los que los cuentos y relatos estaban en pleno auge en los Estados Unidos, país en el que los avances de la técnica, en lo relativo a las rotativas y artes gráficas, permitió que libros, periódicos y folletos se imprimieran en tan gran número que podía llegar hasta un gran número de lectores, lo que permitió que las revistas por entregas donde figuraban los relatos de London llegara hasta un número impensable de lectores, Por ello, otros escritores pudieron vivir de lo que escribían, aunque fue London el pionero de ellos. Hemingway y Fitzgerald fueron muy influenciados por aquel.

Los primeros cuentos de London, de la última década del siglo XX, fueron recortados o rechazados por editores que no aceptaban ningún escrito que no coincidiera con el “estilo de la casa”. Él aceptaba ese sacrificio de parte de sus escritos por necesidad económica, aunque tuvo la precaución de guardar sus originales íntegros que en este primer tomo de su Cuentos completos se publica ahora añadiéndole treinta y seis cuentos inéditos. De esta colección de cuentos completos -así la denominaron los especialistas de Standford-, solo faltan los cuentos extraviados o destruidos por su autor, quien llevó un riguroso registro desde 1898 de las entregas que hacía a las diversas revistas y que es un arma muy fiable y eficaz para los editores actuales.

A través de estos primeros relatos se puede observar la evolución literaria de London que va madurando progresivamente desde sus primeros inicios, en los que escribía meras crónicas o comentarios sobre sus viajes, hasta ir depurando su estilo con la práctica que le dio el oficio necesario para convertirse en un gran autor y referente ineludible de la literatura breve. A lo largo de estos relatos se aprecia la tensión que existía en su autor y la lucha entre los intereses monetarios y sus aspiraciones literarias, lucha interna que la mantuvo toda su vida. Por ese motivo, buscaba nuevas temas y técnicas narrativas, por lo que escribía de temas tan novedosos para los lectores de su época como eran el alcoholismo, enfermedades mentales, ecología, extraterrestres, socialismo, boxeo, tauromaquia, explotación sexual y un sinfín de asuntos más. Sin embargo, sus historias de aventuras son las que lo lazaron a la fama y las que la mayoría de los lectores recuerdan con agrado, porque en esas narraciones eran donde más brillaba su talento creador, elevando ese género hasta el nivel de gran literatura y que sitúa a London entre los cuatro grandes escritores de la narrativa breve universal, junto a los nombres de autores como Guy de Maupassant, Edgard Allan Poe y Antón Chejov.

Sus mejores relatos de aventura estuvieron inspirados en sus propias vivencias, lo que les confiere una autenticidad, credibilidad y viveza que es imposible alcanzar por autores que escriben sólo a través de la imaginación. Escribió la saga del Norte, que forma parte de este volúmen primero y en la que figuran sus mejores títulos “El silencio blanco” o “Encender una hoguera”

Fue, también, autor de excelentes novelas como o “La llamada de lo salvaje”. (1903), 'El lobo de mar' (1904), 'Colmillo blanco' (1905), 'Martin Eden' (1909), 'La peste escarlata' (1912) o El vagabundo de las estrellas (1915).

Consiguió convertirse en uno de los autores más cotizados de su época. Se refugió en el campo, en un rancho de 400 hectáreas en Glen Ellen (California), sonde pudo dar rienda suelta a sus ideas ecologistas de las que era un adelantado a su tiempo y que inspirarían a muchos de sus relatos.

Cuando ya había conseguido el éxito, comenzó una etapa en la que los excesos se convirtieron en sus peores enemigos. El alcoholismo y las malas inversiones le llegarían a pasar factura. En 1906 inició la construcción de un barco de más de 35.000 dólares de la época, que era una verdadera fortuna, y que lo precipitó hasta casi la ruina. Al mismo tiempo, sus escritos caían en su calidad literaria, y a medida que se acercaba su muerte, sólo escribía historias por encargo o inspirados en ideas ajenas que le “regalaban”.

Murió el 22 de noviembre de 1916, aunque no se sabe a ciencia cierta si por motivo de un suicidio o por un fatal ataque de uremia. No había cumplido más de cuarenta años, pero a pesar de ser muy pocos le sirvieron para escribir una extensa y excelente obra de narrativa breve en la que se expone buena parte de su vida de aventurero y vagabundo que fueron los inicios de una brillante carrera literaria, en la que se alzó, de forma indudable, como uno de los mejores maestros del cuento de la historia de la literatura universal.