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Entrevista a Andrés sorel

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viernes, 8 de enero de 2016

…Y todo lo que es misterio, Andrés Sorel

...Y todo lo que es misterio, Andrés Sorel
Y todo lo que es misterio,
Andrés Sorel,
Akal,
2015, 293 páginas.
           
… Y todo lo que es misterio, novela que narra la relación sentimental del poeta Paul Celan con la escritora Ingeborg Bachmann, supervivientes del horror nazi, que se debaten entre el amor, la angustia y la culpa.

Ana Alejandre

            Andrés Sorel, un autor con  una prolífica obra novelística, biográfica y ensayística, sorprende con esta novela en la que  la atmósfera narrativa está sumida en la sensualidad, la ternura y la angustia  del amor del poeta Paul Celan y la escritora Ingeborg Bachmann, a quienes también une el recuerdo del sufrimiento vivido, la pérdida de una vida ya irrecuperable y la búsqueda de un nuevo lenguaje que no estuviera corrompido por el lastre dejado por la ideología nazi, lenguaje que no era otro que el alemán que ambos hablaban como lengua natal y de la que se sienten proscritos voluntariamente.
            La novela es un escenario narrativo en el que el amor y el sexo, arropados por  la más conmovedora sensualidad, transcurren entre sus 293 páginas, en las que el autor va narrando paralelamente, además de la historia de amor de los dos desdichados escritores, la de Tristán y Alma, ambos españoles  y que son las voces narradoras, hablando en un diálogo interminable sobre la relación amorosa de Celan y Bachmann, en la que encuentran  similitudes y coincidencias asombrosas con la suya que les hace sentirse unidos a aquellos en la semejanza de unos sentimientos, ideologías y sucesos que compartieron en tierras tan lejanas entre sí como  son Rumanía, país donde nació Celan, Austria, país natal de Bachmann, Alemania, Francia, Italia, y España, todos los escenarios que se suceden en la novela. Los narradores sobrevivieron a los  bombardeos de Alcañiz (Teruel) de los aviones italianos, en la Guerra Civil Española, y, además, Tristán también fue superviviente de Auschwitz.
            A lo largo de toda la narración se muestran los versos de Celan –especialmente de sus poemarios Fuga de la muerte (1948) y, especialmente, de Amapola y memoria (1952) cuyo título ilustra la imagen de portada de esta novela y de hilo conductor poético, así como fragmentos de las cartas que ambos de escribían. Todo ello va ilustrando los diferentes momentos narrativos, dándoles sentido, valor y coherencia a la historia, a la que  acompaña como música de fondo el sonido de unos versos en los que se aprecian los estados emocionales de sus autores y que se manifiestan  en palabras desgarradas, ardientes, amorosas, tiernas, o bien,  críticas o despechadas, según el momento de la narración, en la que fluctúan los encuentros y desencuentros de los enamorados, al igual que les sucedía a la pareja española que actúan como narradores de la novela, hablando siempre en primera persona sucesivamente, a la par que van contando su propia historia en un paralelismo que se acentúa en cada episodio narrativo..
            Celan muestra a lo largo de la obra su estado anímico que fluctúa continuamente entre la felicidad que le depara el amor de Bachmann, la angustia y la culpa por un pasado del que no puede escapar, porque le s sigue la negra sombra de la culpa y el remordimiento por no haber muerto también junto a sus padres. Se debate entre el amor a Bachmann, sus prejuicios sobre la vida liberal y mundana de ella, su religiosidad vehemente que busca respuestas en textos religiosos judíos; y el sentimiento de culpa por su adulterio y, sobre todo, por no haber seguido a su padres cuando fueron llevados al campo de exterminio  de Auschwitz donde murieron, como dos víctimas más que se sumaron a los millones de seres que fueron aniquilados en los campos de concentración nazis, en lo que estos llamaron la “solución final”.
También, se percibe en su vida y su obra el desarraigo de todo exiliado, el sentimiento de persecución que en todo judío, como era Celan, permanece siempre en esa continua huida imposible del recuerdo del Holocausto, lo que le hacía pensar que los ataques que recibía su obra, acusada de plagio por la viuda del poeta franco-alemán Yvan Goll, la periodista  francesa llamada Claire Aissmann, quien después tomaría el apellido de su marido, que le acusaba de haber plagiado  versos de su marido que había mantenido gran amistad con Celan. Todo para el poeta era producto del sentimiento antisemita que aún anidaba en la sociedad europea después de la II Guerra Mundial.
            En esta obra de atmósfera asfixiante y densa, por las fuertes personalidades de sus personajes, las terribles vivencias que vivieron y que se van desgranando, capítulo a capítulo,, en una secuencia temporal continuada que va llevando a la narración a través del oscuro túnel del tiempo, en el que se imbrican las dolorosas vivencias de quienes no aceptaban el nuevo mundo nacido de la II Guerra Mundial, porque todo lo que había en él les resultaba igual de viejo, caduco, inútil y falso en sus promesas de cambio y de un nuevo amanecer para la Humanidad, promesas en las que no creían porque estaban ya heridos de muerte en su capacidad de regenerar la esperanza como tabla de salvación.
            El deterioro psíquico de Celan va en aumento y de forma imparable, lo que le lleva a ser internado en centros psiquiátricos en varias ocasiones y a agredir a su esposa también; a pesar del sincero amor de Bachmann y de su entrega total,  cuya generosidad sin límites y lealtad hacia Celan engrandece su figura y la dota de una gran dignidad. A pesar de ello, tampoco ella sale indemne de este relación apasionada y terrible que atrapa al lector, pero le obliga a dejar la lectura por momentos, por la opresiva carga emocional, trágica y desesperanzada, que se manifiesta en ella, y que Sorel ha querido mostrar en todo su más profundo y evidente  patetismo, porque las vidas de esos dos grandes escritores estaban desde el principio marcadas por la tragedia y sin posibilidad de salvación alguna.
            En la novela aparecen personas de la importancia del filósofo Heidegger, Hannah Arendt, que fue amante en su juventud del famoso filósofo y después se convirtió en una famosa politóloga en EE.UU.; Max Frisch, dramaturgo y novelista suizo en lengua alemana que fue amante de Ingeborg Bachamann en las temporadas de desencuentro con Celan; Thomas Bernhard, el famoso poeta, dramaturgo y novelista austríaco, por citar sólo unos pocos, personajes que no son simples nombres citados, sino que tuvieron relación directa por diversas causas con Celan y forman también parte de la narración.
            Esta novela, pues, no es una obra de ficción, sino una biografía novelada de cuatro vidas, en las que destaca las de Celan y Bachmann como punto de partida y reflexión que les sirve a Tristán y Alma – ¿Acaso es Tristán  el alter ego de Andrés Sorel, pues conoció a Celan en la realidad?-, para ir relatando la suya, aún sabiendo que Paul e Ingeborg ya no  pueden contar su pasado y sus múltiples desventuras a no ser a través de sus obras y en las voces de los narradores; pero ellos dos sí tienen un presente en el que hablan de su propia historia mientras van desgranando la de Celan y Bachmann que quedaron atrapados en sus propios dramas personales, en su dolor sin remisión ni cura que les llevó hasta la muerte cuando ya estaban lejos uno del otro. Celan se arrojó al Sena el 20 de abril de 1970, una vez ya separado de su mujer,  aunque ya se había ahogado, antes de morir en el río, en las oscuras aguas de la culpa que siempre le acompañó y la imposibilidad de olvidar el horror vivido. Ingeborg falleció a causa de las quemaduras sufridas en un incendio en su habitación, ocurrido tres semanas antes de su fallecimiento,el 17 de octubre de 1973. Dejó su tetralogía inacabada cuyo primer libro Malina es autobiográfico y habla de la destrucción paulatina y psicológica de una mujer por parte de su amante.
            La novela…Y todo el misterio es una obra que entra en el género tan en boga de biografías noveladas, en la que se muestra toda la intensidad de las heridas que el tiempo y la memoria abren en el corazón del ser humano, atrapado en una vida en la que el amor puede ser la única salvación siempre que, a su vez, no se convierta también en una forma de destrucción y tiranía. Novela escrita con un lenguaje depurado y limpio, dotado de una gran dosis poética, sensualidad apasionada, porque en él   la poesía tiene una gran carga que delimita los tiempos narrativos y le presta la sonoridad de esos versos oscuros y simbolistas de Paul Celan, en los que se vierte todo el dolor de quien no pudo asumir su propia y honda soledad interior, la que le llevó hasta los brazos de Ingeborg Bachmann, buscando en ellos su propia redención de hombre que ha perdido la  capacidad de encontrar la paz y el olvido. Bachmann, a su vez, es el bálsamo que cura la herida de Celan, pero va abriéndose a su vez la suya propia que se debate en la soledad y la incomprensión del hombre amado que tiene mujer e hijo, mientras a ella sólo le queda el recuerdo de los momentos que vivieron juntos en un presente veloz que le devuelve después a la soledad más amarga.
            Esta novela es un texto que muestra una capacidad narrativa de Sorel en la que el amor, la pasión,  la sensualidad y el sexo  toman el protagonismo  a través de la expresión poética para plasmarlos  que se pone de manifiesto en toda su plenitud, en un ejercicio estilístico que puede resultar confuso para algunos lectores, en ciertos momentos, cuando los narradores se dirigen el uno al otro y desaparece del primer plano la historia de fondo que contaban. Esto parece, quizás, un recurso narrativo para aliviar durante unos momentos la atmosfera densa, asfixiante y dramática que pone de manifiesto el sufrimiento de los protagonistas y su incapacidad para cerrar las heridas  que el tiempo vivido les ha dejado en la memoria y que aún sangra,  sobre todo ante el recuerdo de un pasado de horror que se enfrenta, en una dualidad dramática que los confunde, a un presente en el que ambos se encuentran y viven la epifanía del amor en plenitud y fugacidad, ajenos al devenir futuro lleno de amargura,reproches, soledad y muerte.
            Esta obra, pues,, es la radiografía literaria de una época, de unos personajes, y de un mundo que aparenta ser nuevo, llevando bajo su máscara las cicatrices del horror que asoló Europa, y que enfrenta a cada uno a la verdad que hay en el corazón humano cuando se enfrenta a otro ser, desnudo de toda falsedad , encontrando en esa profunda verdad el misterio insondable que existe en cada alma y la imposibilidad de llegar hasta ese recóndito lugar donde habita en la más absoluta e inalienable soledad.



Los desayunos del Café Borenes, Luís Mateo Díez

Desayunos del Café Borenes
Los desayunos del café Borenes,
Luís Mateo Díez,
Galaxia Gütemberg,
septiembre 2015

Ana Alejandre

            Luís Mateo Díez en esta nueva obra reúne dos textos que son complementarios. El primero que lleva el mismo título, narra los diversos encuentros de un novelista con sus amigos que asisten a los desayunos en el café de una ciudad literaria de las que pueblan su obra y que el escritor califica como “ciudades de sombra”, quienes conversan y reflexionan en dichos desayunos sobre la realidad y la ficción y el papel que juega en sus vidas esta última.
            El protagonista de esta parte primera, Lezama Vela, que no es otro que el trasunto o alter ego del propio mateo Díez, en estas distendidas y, a veces, acaloradas conversaciones con sus amigos, hace toda una declaración de principios cuando dice que el mayor y más firme compromiso del arte es con la vida, la que siempre es una gran deudora de aquel, y la ficción que forma parte del arte, es la siempre insoslayable y salvadora  plasmación de aquel en forma de obra literaria, porque su esencia es la imaginación, la fantasía y la capacidad creadora del hombre que sin ellas estaría desnudo de toda esperanza, atrapado en la ramplona, muchas veces sórdida y triste realidad en la que habitamos.
            El segundo texto llamado Un callejón de gente desconocida es más personal, en cuanto que exhibe su pensamiento literario y contiene su propio ideario poético sobre lo que es y para qué debe servir la literatura como medio de expresión y de visión del mundo y la realidad que la inspira. Esta segunda parte está inspirada en una afirmación de  Irene Nemirovsky  -escritora de origen ucraniano, nacionalizada francesa y que escribía en francés, que murió en el campo de exterminio de Auschwitz, a consecuencia del tifus, en 1942-, quien  decía que toda gran novela es un callejón llena de gente desconocida, lo que  sugiere el  título de esta segunda parte.
            El simple hecho de que esta obra esté compuesta de dos partes o mitades, no se debe entender como si ambas  se opusieran entre sí en una confrontación dialéctica entre las opiniones vertidas en la primera parte, de todos y cada uno de los asistentes a los desayunos, y las opiniones personales del autor, aunque esta diversidad de opiniones sirve también al lector para contrastar las diferentes ideas que sobre la literatura y el papel que desempeña en la vida de cada uno tiene, en cuanto a ser la proyección de la ficción, la fantasía y la imaginación, para crear otras realidades literarias que son imprescindibles para poder entender la verdadera y compleja  realidad en la que vivimos.
            Todas esas opiniones, tanto en lo que coinciden como en lo que difieren, van definiendo y perfilando como un fiel reflejo a la sociedad confusa y degradada en la que vivimos, en la que la verdadera y gran literatura va perdiendo terreno, lo que demuestra la variedad de supuestos productos literarios en forma de libros, en papel o electrónicos, que llenan el mercado y que no son más que el resultado de la improvisación, la falta de exigencia de una mínima calidad y de profesionalidad de sus autores, porque parecen estar escritos por quienes carecen del  talento y oficio del auténtico escritor y son producto de la mercadotecnia, de la exigencia de novedades en las librerías, y de la banalidad que parece demandar un tipo mayoritario  de supuestos lectores que no buscan calidad literaria, sino libros para leer y olvidar fácilmente, porque no exigen nada  más al lector  que pagar su precio y ofrecen a cambio sólo una fácil manera de matar el tiempo o el aburrimiento.
            Mateo Díez no intenta enfrentar los dos textos a modo de  pugilato literario en la que predomine una sobre otras, aunque sí consigue que el lector pueda apreciar, sopesar y juzgar toda  la variedad de ideas que, sobre la ficción literaria y el oficio de escritor, tienen todos los personajes que la pueblan. Él mismo declara que, como escritor, se define como un creador de personajes y la trama es para él la tramoya –o perchero-, que sustenta y rodea a estos para que puedan así mostrar, a través de sus diálogos, actos y pensamientos, la verdad sobre ellos mismos, que es, en definitiva, la verdad sobre la naturaleza humana encarnada en las múltiples variedades que ofrece el amplio abanico de temperamentos e idiosincrasias. Es esta supremacía de los personajes sobre la trama la que demuestra fielmente esta obra, pues los verdaderos protagonistas son los diferentes y variados personajes que, a través de sus diálogos, van poniendo de manifiesto lo que para ellos es la función de la literatura y el papel que representa en sus vidas y, por ende, también para la variedad de lectores que existen.
            Una de las notas más destacadas de Luís Mateo Diez en toda su obra es la excelente prosa, clara diáfana como el más puro cristal, dotada de un ritmo que le da cadencia y sonoridad a toda la narración que se convierte casi en un concierto coral en el que todos los personajes hablan y se expresan con libertad, pero sin perder en todo momento un tono que varía, según el hablante, entre el humor y la nostalgia de un tiempo ya perdido, el humor y la ironía desencantada,  o la lucidez y el pesimismo ante el futuro de un mundo en el que el amor a la buena literatura se vaya apagando, sustituyendo torpemente por  otras manifestaciones pseudo culturales  ramplonas, banales y adocenadas  para intentar llenar el gran vacío que deje aquélla.
            Los desayunos del Café Borenes es una obra muy interesante que ofrece el propio ideario literario de un autor que es un claro exponente de la buena literatura española actual del siglo XX.