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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Cero K, Don DeLillo.


Cero K
 Don DeLillo.
Traducción de Javier Calvo.
Seix Barral.
Barcelona, 2016. 318 páginas.


Ana Alejandre

Hablar de Don DeLillo es hacerlo de un escritor que es un referente obligado de la literatura americana desde hace décadas. Autor de obras tan emblemáticas como Ruído de fondo (1985) y Submundo (1997) considerada una obra maestra, ha llevado a su narrativa a las cotas más altas por el simple hecho de que enfrenta al hombre con sus dos enemigos potenciales: el propio yo y la sociedad. Analiza los entresijos de la identidad humana como individuo integrado en la colectividad social y, más áún, situándolo en ese territorio íntimo y personal que es la esfera de la privacidad, donde el hombre se encuentra ante sí mismo, sin disfraces, sin excusas, sin asideros que le salve de ese inmenso océano interior en que el individuo suele ahogarse cuando intenta bucear en su subconsciente, en la verdad de sí mismo.

De Lillo mantiene la única reminiscencia de su adscripción a la ficción posmoderna -además de ser etiquetado como tal-, como es la certeza de la paranoia que existe en la sociedad actual, a la que asume como una de las bellas artes, más por su plasticidad en la expresión individual que, también, se manifiesta, de forma más evidente, en la colectividad, en ese totum revolotum que configura la sociedad humana. 

Todas su obra tiene como fondo la realidad de un consumismo atroz, asidero inútil que no le sirve al individuo para perder el miedo a la muerte, sólo le distrae de pensar en ella a través del aberrante consumismo, mientras se siente, a su vez, consumido por el tiempo cada vez más velozmente,, en esa carrera imparable que le acerca más a la muerte, destino final de toda vida humana.

Cero K, es una novela que sigue mostrando la maestría de DeLillo, desde de la inolvidable Submundo, ya que es la plasmación de la utopía del hombre moderno que crea un lugar, un refugio, en el que poder salir victorioso de la muerte. En esta novela se trata de cuestiones tan importantes como la inmortalidad, se observa una cierta filosofía de la vida, haciendo serias reflexiones sobre el derecho a mantener la vida a toda costa.

Esta novela se podría encuadrar dentro de la ficción filosófica, aunque pueda haber quien la considere ciencia-ficción. El tema se presta a ello, pero va mucho más allá de la mera historia que narra, en la que Jeffrey Lockhart, va narrando cómo su padre, el millonario Ross, utiliza la tecnología en una afanosa búsqueda que realiza en un lugar remoto, iluminado por un viejo sueño de la Humanidad como es la inmortalidad, para rescatarla de la muerte. DeLillo permite que el lector pueda ir entrando en la conciencia del narrador, por lo que todo lo desconocido tiene un sentido trascendente que va creando una sensación de desubicación espacio-temporal al narrador ,lo que va acompañado de una gran ansiedad. En esas disquisiciones, el lector va notando una extraña sensación de estar situado cómodamente en un punto equidistante entre lo vulgar, lo cotidiano, por una parte, y lo misterioso, lo ignoto, por la otra. Recuerda que la novela se inicia con una frase lapidaria del padre de Jeffrey Lockhart Jeffrey Lockhart "Todo el mundo quiere apropiarse del fin del mundo". Lo que lleva a esa dualidad entre la certeza que el fin del mundo es inevitable, y la imprescindible búsqueda de algún medio para impedir que ocurra. Eso es igual a decir que el ser humano es sabedor de la muerte que le ronda desde que nace y la ilusión, cada vez más creciente, de que la ciencia podrá, algún día, vencerla.

Todo ello, convierte a esta novela en una reflexión constante sobre la inmortalidad y cuestiona el derecho a mantener la vida de forma permanente, venciendo a la muerte. Ross que es el principal inversor de un centro en el que se congelan los cuerpos de los enfermos incurables, hasta que la tecnología del futuro pueda despertarlos, curándolos de las enfermedades que les causaría la muerte, por mente enloquecida que le induce a querer acompañar a su esposa, enferma incurable, en ese experimento para reencontrase con ella en el futuro, a pesar de que él se encuentra en perfecto estado de salud. Ross, está obsesionada por hallar ese mundo feliz, no el que anunciaba Aldous Huxley, sino el que se pueda hallar detrás de la muerte, en la otra orilla de esta realidad a la que llamamos vida.

Su hijo, que le ha acompañado a visitar a la esposa de su padre, se niega a lo que considera una locura, haciendo unas profundas reflexiones sobre lo que es la muerte, y el significado del hecho de estar vivo. El narrador, Jeffrey Lockhart, disiente de esa búsqueda frenética de su padre para encontrar la forma de pasar a ese mundo feliz y visionario, Él cree en que la vida es a lo único que tenemos que dar valor y vivirla con intensidad, en un permanente carpe diem, encontrando en ella toda la magia, el hehizo que posee y que nos ofrece cada día en un mundo, ese bello planeta azul, al que podríamos convertir en el mundo felíz de 'aquí y ahora', en el que puede ser posible desde lo más corriente y cotidiano, hasta lo más insólito o maravilloso, si no fuera por el instinto destructor del ser humano que intenta doblegar, devorar y destruir a la propia Naturaleza de la que formamos parte.

Todo esto está escrito con una prosa fría, aséptica, inmutable en su expresión. Todo en su lenguaje parece contingente, pero es necesario, desde las imágenes escuetas que saltan a la retina del lector a través de las palabras que parecen saetas disparadas con una certera puntería, hasta las dudas metafísicas, las interrogaciones, en esa duda constante que acompaña al discurso del narrador que se hace preguntas y las lanza al lector. Este asiste atónito a la exposición del retrato que hace DeLillo de lo que el se humano es y hace para escapar de su mortalidad, su verdadera esencia, a la que intenta seducir, engañar, a través de los fuegos de artificio de una ciencia y tecnología que intentan ganarle la batalla al tiempo, a la muerte; olvidando, quizás, que el ser humano es, por mortal, prescindible, mientras que la muerte es necesaria a la propia vida a la que da término, sentido y, quizás, grandeza.



Cazadores en la nieve, José Luís Muñoz, XVI Premio de Novela Corta Diputación de Córdoba

Cazadores en la nieve
XVI Premio de Novela Corta Diputación de Córdoba
José Luís Muñoz
Ediciones Varsátil


            Esta novela, galardonada con el XVI Premio de Novela Corta Diputación de Córdoba, es un reflejo de la narrativa de José Luís Muñoz en la que cabe todo menos la debilidad en el tratamiento de los protagonistas, quienes tienen, de antemano, un aciago destino escrito en el que la muerte está agazapada, esperando el momento de saltar sobre su presa.
            Cazadores en la nieve transcurre en el Valle de Arán, el que es algo más que un escenario narrativo, en esta ocasión, para ser otro protagonista principal de esta obra, en la que un exterrorista con nombre falso, Marcos Cíaz Inurrategui , y un teniente de la Guardia Civil, Antonio Muñiz,  tienen una cita mortal, aplazada durante muchos años, dictada por el deseo de venganza del primero de ellos, dominado por los recuerdos de la "Rubia", otra terrorista, que fue asesinada por el oficial de la Benemérita; así como por las torturas que el propio Marcos, también sufrió a manos del mismo.
            Las descripciones del lugar son minuciosas y van creando el clima de frío helado que envuelve toda la novela, en la que los personajes hacen  sus tareas cotidianas: cocinan, compran, comen, practican el sexo, encienden la chimenea, visitan los parajes y, sobre todo, se reúnen en el bar del pueblo, lugar de reunión y de cotilleo en el que se enteran de las noticias locales y hacen comentarios sobre las vidas de otros.
            El frío que envuelve toda la narración es también parte fundamental de la temperatura emocional de unos seres atrapados en sus propias frustraciones, como es el teniente Muñiz, su esposa Ana, y la relación adúltera que mantiene aquel con una francesa, Tiphaine, que reside en el pueblo, casada con el guarda forestal de la localidad.
            Aunque el sexo forma parte de la narración -y de todas las novelas de José Luís Muñoz-, es un sexo descarnado, duro y frío, en el que no cabe la ternura, los sentimientos entre los amantes, pues sólo existe el deseo sexual, apremiante del macho que utiliza a la hembra para saciarse, sin que le importe nada a nivel anímico. Las mujeres, como sucede en otras obras de este autor, tienen siempre un escaso protagonismo, ocupando papeles secundarios y poco lucidos, incluso en las escenas de sexo, en las que intervienen como meros objetos sexuales para dar placer al hombre.
            Ese frío ambiental  e interior de los habitantes de esta novela, no consiguen calentarlo los recuerdos amargos del exterrorista que han ido conformando  esa carga de rencor y deseo de venganza que le domina. El bello paisaje montañoso y el frío gélido, atmosférico y emocional, crean un escenario físico y anímico desolador, en el que el lector se sentirá atrapado como si estuviera leyendo en el interior de un frigorífico.
            El lector irá sabiendo de las acciones y pensamientos de los protagonistas, a través de los diálogos cortos, directos y duros, en ocasiones, que van dibujando el mapa emocional de los personajes, siempre bajo cero, en el que  viven los hombres y mujeres que han creado su mundo psíquico y afectivo  influenciados por las bajas temperaturas exteriores, por la soledad y el aislamiento al que han ido a refugiar, en aquellos parajes solitarios, la frustración que arrastran desde sus pasados, en sus vidas desnortadas.
            Esta novela tiene todos los ingredientes necesarios de una obra del género negro, o policíaco como se le llamaba antes, pues en ella existen los  muertos a manos de los terroristas y  los que causó la Guardia Civil que luchaban denodadamente contra ETA para defender a una sociedad amenazada por ella; personajes que representan  oficialmente la ley y el orden, como es el teniente Muñiz, y los que han matado en aras de una idea política como es Aítor Abasolo, el verdadero nombre del forastero. También, aparecen otros elementos del género negro como es una investigación policial tangencial por la aparición de unos huesos humanos. Pero, sobre todo, hay dos hombres que representan la violencia, la dureza y la sangre fria, pero que tienen en común el deseo de acabar con el pasado, con los recuerdos, con la memoria de unos actos que intentan justificar ante sí mismos y comenzar una nueva vida.
            El final, sorprendente, deja al lector estupefacto, pero este final resume la idea que, implícitamente, defiende el autor a lo largo de la obra: todos son iguales, no existe diferencia entre el terrorista que mata a inocentes como el Guardia Civil que mata a asesinos. Aunque la Naturaleza, en su magnificencia, muestra que todos los hombres son igualmente de insignificantes ante ella, aunque las diferencias morales y áticas no se miden por el tamaño físico.
            La ideología de cada uno marca las fronteras, las que separan la vida y la muerte, la justificación del mal, del asesinato como forma de extorsión a un Estado y a una sociedad, y la defensa de esa sociedad que se ve agredida y amenazada por quienes no les dan valor a la vida humana, a no ser como moneda de cambio para conseguir, a través de la extorsión, un fin político o de cualquier otra índole.
            Cazadores en la nieve, es una novela amena en su lectura, corta en extensión, pero larga en intención. Mucho más larga de lo que abarcan sus 206 páginas, pero mucho más corta de lo que su trama podría dar de sí.
            No defraudará, sin duda, a los amantes del género negro que, en esta ocasión, es un género teñido de blanco por la nieve que cae constantemente en la narración y en el Valle de Arán.
            Aconsejable leer en el verano.