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lunes, 4 de septiembre de 2017

La regata, de Manuel Vicent

"La regata", la última novela de Manuel Vicent con trasfondo del Mediterráneo. 


Una lúcida reflexión novelada sobre el deterioro y la explotación del mar y sus costas.

Ana Alejandre                                             
La regato, Manuel Vicent, Alfaguara

La regata, nueva novela de Manuel Vicent (Castellón, 1936), tiene como trasfondo el Mediterráneo, mar siempre querido y añorado por el escritor cuando está lejos de él, y en la que reflexiona sobre el paraíso perdido que, un día, decidimos perder.

Esta novela, además, es el libro más marinero de Vicent, pues su trama es un viaje a vela, pleno de sol, salitre y sensualidad a flor de piel, aunque el mar no sólo es en esta obra la superficie rutilante, azul y centelleante, sino que también posee una profunda y turbia negrura, aspecto menos bello y sereno que forma parte de la narración como trasfondo narrativo inquietante y oscuro. El Mediterráneo ya fue también el telón de fondo de otras de sus más importantes novelas como Tranvía a la Malvarrosa (1994), Son de Mar (Premio Alfaguara 1999) y León de ojos verdes (2008). 

Todos conocemos la larga y fructífera carrera literaria de Vicent y su maestría narrativa para describir ambientes y atmósferas, pero La regata muestra que es capaz, como ningún otro autor, de mezclar la sátira social y la intriga, sin renunciar por ello a un tono alegre y festivo, como puede ser una regata en el bello, milenario, luminoso y siempre sorprendente Mediterráneo; y, al mismo tiempo, hacer una aguda y lacerante denuncia de la corrupción que sufre la costa desde hace muchas décadas, retratar la lujosa y huera vida de los nuevos millonarios, sin olvidar las vidas malogradas y las tragedias personales y colectivas que terminan naufragando, metafórica y realmente, en ese mar insondable y prolífico como es el Mediterráneo.

La trama de La regata mezcla personajes de toda índole y condición, desde el veterano empresario Pepe California y su amante, la joven actriz Dora Mayo, que destaca por su belleza, quienes deciden participar en la regata a través del Mediterráneo a bordo del velero que el empresario ha conseguido gracias a sus ganancias provenientes de la primera guerra del Golfo.

Sin embargo, los planes de la pareja se ven trastocados por la súbita muerte del empresario en plena noche de amor, ayudado por la Viagra, que le lleva a quedarse fulminado en un momento de la relación amorosa para la que ha conseguido que la joven actríz le permitiera atarla a la cama. Ella consigue escapar de sus ataduras y regresa a Madrid. Allí consigue ser la elegida para ser la protagonista, Lisistrata, en una obra financiada con la tarjeta del empresario fallecido.

La vida en la costa sigue adelante en su frivolidad, superficialidad y hedonismo barato. La regata de la que ya no podrán gozar los dos amantes, ha partido de Circea a primeros de agosto. En ella participan otros personajes típicos en la realidad social y económica española: el ex ministro dado a la vida social, el cirujano plástico famoso, el abogado de cara factura y gustos elitistas, así como el constructor que ve oportunidad de negocio rentable en cualquier terreno urbanizable por explotar.

Además de los personajes citados, se encuentra la figura de Ismael, escritor novel que intenta escribir una crónica de la travesía. Conoce bien el Mediterráneo desde que era niño y se pregunta si será el mismo mar, ese paraíso puro e irreductible que guarda en su memoria. Sobre todo, se pregunta si será capaz, durante la navegación, de vivir al margen del ambiente que lo rodea, esa fantasmagoría turbia en la que se mezclan los intereses espurios, la ambición, el deseo y la absoluta banalidad. Sólo Laia, la pelirroja compañera de travesía, será su único apoyo para conseguir llevar a cabo su escritura.

Fuera de la anécdota que es toda historia narrada, La regata es una reflexión sobre el deterioro de la Naturaleza, en este caso la costa mediterránea, los turbios intereses que están detrás y la sociedad que pulula en sus costas en busca de placer, vida fácil, sol y mar, sin darse cuenta de que éste siempre pasa factura al loco quehacer de los hombres, movidos por la ambición desmedida, su falta de escrúpulos y la ceguera que los lleva a destruir a la Naturaleza de la que todos formamos parte.

Excelente novela es esta que muestra lo mejor de Manuel Vicent, su ironía siempre lúcida e inteligente, y su excelente prosa en la que parece brillar el esplendor de un mar al que parecen querer apagar su fulgor, definitivamente, quienes lo explotan, y a sus costas, sin ningún tipo de reparo.
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La Regata, Manuel Vicent, Editorial Alfaguara, Madrid, 2017, 240 páginas


Vicisitudes, de Luís Mateo Díez


“Vicisitudes”, la nueva obra de Luís Mateo Díez que pone de manifiesto su maestría para describir caracteres y situaciones con su inimitable estilo, creador del mítico territorio de Celama.

En este nuevo libro en el que se reúnen 85 relatos que transcurren en el lugar imaginario antes mencionado, se encuentra el estilo acrisolado de este escritor, uno de los mejores prosistas de la literatura española actual, de escritura clara, pulida y brillante en su diáfana virtuosidad.

A lo largo de su prolífica carrera literaria, que va desde el realismo a la esperpentización, pasando por el simbolismo; y desde el envilecimiento hasta la humanización de los seres de ficción que habitan sus historias, ha ido depurando su singular estilo del que nos ofrece una nueva creación, en la que se suman y definen muchos de los elementos que ya aparecían en sus novelas anteriores.

Dichos recursos narrativos los utiliza ahora para recrear las historias de una pluralidad de seres que corresponden, cada uno de ellos, a un carácter, una circunstancia, talante u oficio determinados, y tienen como nexo común la de estar sometidos a un porvenir que, en muchas ocasiones, es compartido solo en cuanto que revela la vulnerabilidad y fragilidad de todo ser humano. Todos esos personajes pueblan un universo literario personal que comenzó en su primera novela Las estaciones provinciales” (1982), seguida por la extraordinaria “La fuente de la edad” (1986) y continúa en este nuevo título.

Este nuevo título, que es un conglomerado de narraciones diversas que presentan la gran variedad de tipología y caracteres humanos, tiene como antecedentes a sus novelas” El espíritu del páramo” (1996) y continuó con su segunda entrega de la trilogía, “La ruina del cielo” (1999). Fábula, esta última citada, en la que figuran más de trescientos personajes, en sus 68 capítulos, que tienen la particularidad de que son los habitantes del cementerio, vecinos de Celama ya fallecidos, que muestran su propia  actitud ante la muerte, a través de un libro encontrado por su protagonista que hace las veces de narrador y quien trata de recrear las personalidades de todos y cada uno de los nombres que pueblan el ejemplar hallado -memorias médicas del doctor que antecedió al narrador en el cargo de la misma localidad-, que, de esta manera, van recobrando su propia identidad  quienes ya no están entre los vivos. De ahí, que llevara el subtítulo de “Obituario”. Con dicha obra obtuvo el Premio Nacional de Narrativa en 1999, y a la que él mismo definió como una fábula sobre la pérdida, en referencia a la desaparición de un modo de vida, de un mundo en extinción. Puso fin a dicha trilogía el título “El oscurecer” (Un encuentro) (2002) en el que refleja el presente agónico del mítico espacio por él creado.

También, en esta ocasión, la gran creatividad de Luís Mateo Díez y su prosa, depurada y exquisita, continúan demostrando que sigue con el mismo impulso creador que en títulos anteriores y con el estilo sobrio y gozoso para el lector al que nos tiene acostumbrados. Vuelve a enfrentarse al mundo rural, situando la narración en ese páramo, territorio o llanura, que conforma la geografía bautizada con extravagantes topónimos, en un alarde paralelo al que realiza al crear la elaborada antroponimia que forma parte de su personalísimo estilo.

Vicisitudes agrupa y reúne los 85 relatos que la forman, se cuentan las peripecias de otros tantos personajes que transitan por los diversos pueblos y lugares de la comarca de Celama. Y cada uno de ellos representa un determinado defecto moral, una profesión y un carácter; así están reflejadas todas las posibles situaciones de insatisfacción, desdicha, decepción, soledad o amargura. En dichas narraciones se encuentran todas esas  situaciones que hacen sufrir a las personas que las padecen y que van desde la enfermedad a la soledad, desde el engaño a la decepción, desde la ausencia añorante o la presencia indeseada.

Pero en estas historias no se narran todos los posibles sucesos vividos por cada personaje, sino el de ese momento crucial en la que la existencia de su protagonista cambia por un determinado motivo, dando un giro de 180 grados a su rumbo vital, por un hecho fortuito, una enfermedad inesperada o una especie de revelación que le marca y cambia su futuro.

´Luís Mateo Diez ejerce en esta nueva novela como notario, testigo de una época ya pasada que huele a provincia cerrada sobre sí misma y con aires anacrónicos, pero en la que se destila algo que todos vivimos una vez, por experiencia personal  u oído de terceras personas, que nos trae el eco de un mundo ya prácticamente desaparecido, pero que permanece en la memoria colectiva de la generación que lo vivió y sigue presente en el recuerdo de muchos.

El escritor se sirve tanto de la voz en tercera persona del narrador omnisciente y omnipresente, en unas;  y, en otras, como sujeto participante de alguna de las vidas contadas, sin dejar nunca la mirada incisiva y compasiva, la ironía en muchas ocasiones, y la comprensión de la volubilidad del alma humana en sus múltiples vericuetos, en sus fútiles ilusiones y en su perenne inconsistencia.

Si en la novela,” La ruina del cielo”, se perfila la actitud de sus personajes ante la muerte, en este nuevo título, nos ofrece, en cada relato que lo compone, una visión de las vidas anónimas, grises, pero que encierran todas ellas una gran paleta de tonalidades por descubrir. Cada una es el compendio de la naturaleza humana, resumida y plasmada en un solo individuo que ofrece, así, una imagen fragmentada de la humanidad de la que todos participamos, pero vista desde el ángulo exclusivo de una determinada situación, característica individual, obsesión o situación concreta que la singulariza y la realza.

Esto convierte a estas 85 narraciones, en  su conjunto, en la imagen global de un gran mosaico en el que se refleja nuestra quebradiza condición y la  frustración que toda vida representa, rodeada de otras muchas, aparentemente iguales, pero distintas en cada actitud, en cada forma diferente de estar y ser en el mundo, en cada determinación vital que marca el mañana de quien, de forma casual o premeditada, toma una decisión que fijará su porvenir y le llevará hasta un destino que ni siquiera vislumbraba. Están retratadas la infancia y su desvalimiento, la adolescencia y sus muchas contradicciones, la ilusión del noviazgo que se desvanece muy pronto, la carga del matrimonio y sus claroscuros, la viudedad y sus pesares, la amargura de la separación y el divorcio, o la desesperación de un mal diagnóstico; y, así, un sinfín de situaciones vividas por seres anónimos, pero en los que también hace nido la desdicha.

Luís Mateo Díez nos ofrece lo mejor de su literatura, de su prosa  matizada de términos antiguos, algunos en desuso, que nos trae el eco de los escritores de la Generación del 98 -aunque el propio autor niega dicha influencia-, la misma que se evidencia en su escritura depurada, clara y límpida, que nos habla de otros tiempos en los que escribir era una forma  serena y profunda de mirar y recrear el mundo y a las criaturas que en él habitan.

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Vicisitudes, Luís Mateo Díez, Alfaguara, Madrid, 2017, 568 páginas